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8 de noviembre de 2010

sol de media media noche Capitulo 3

Capítulo 3






FENÓMENO









Verdaderamente, no tenía sed, pero decidí ir a cazar de nuevo en la noche. Una pequeña pizca de prevención, inadecuada, pero debía hacerlo.



Carlisle me acompañó; no habíamos estado solos desde que volví de Denali. Mientras corríamos por el negro bosque, lo escuché pensando sobre el precipitado adiós de la semana pasada.



En su memoria, vi cómo mis expectativas se habían desmoronado convirtiéndose en una fiera desesperanza. Sentí su sorpresa y su repentina preocupación.



“¿Edward?”



“Debo irme, Carlisle. Debo irme ahora.”



“¿Qué ha sucedido?”



“Nada. Aún. Pero pasará, si me quedo aquí.”



Me tomó del brazo. Sentí cómo herí sus sentimientos cuando me escapé de su mano.



“No lo entiendo.”



“Alguna vez haz ...ha habido alguna vez en que...”



Me miré a mi mismo respirar profundo, vi la luz salvaje en mis ojos a través del filtro de su profunda preocupación.



“¿Alguna vez, alguna persona ha olido mejor para tí, que el resto? ¿Mucho mejor?”



“Oh.”



Cuando me dí cuenta que él había entendido, mi rostro se cayó a pedazos de la pura vergüenza. Me alcanzó de nuevo para tocarme, ignorando cuando traté de arrancarme de nuevo, y su mano izquierda se posó en mi hombro.



“ Haz lo que tengas que hacer para resistir, hijo. Te extrañaré mucho. Ten, toma mi auto. Es más rápido.”



Él se estaba preguntando ahora si estaba haciendo lo correcto, dejando que me marchara. Preguntándose si acaso me había herido con su falta de confianza en mí.



- No.- Susurré mientras corría. - Eso era lo que necesitaba. Pude haber traicionado tan fácilmente esa confianza, si me hubieras pedido que me quedara. -



- Siento mucho que estés sufriendo, Edward. Pero debes hacer lo que puedas para mantener viva a la chica Swan. Incluso si eso significa que debes dejarnos de nuevo. -



- Lo sé, lo sé. -



- ¿Por qué volviste? Tú sabes lo feliz que soy teniéndote aquí, pero si esto es muy difícil... -



- No me gusta sentirme como un cobarde – Admití.



Nos retrasamos---estaba comenzando a oscurecerse.



-Mejor eso a ponerla en peligro. Ella se irá en un año o dos. -



- Tienes razón, ya sé eso. - Por el contrario, sus palabras sólo me hicieron sentir más ansioso de quedarme. Ella ya no estaría aquí en un año o dos...



Carlisle paró de correr y yo me detuve con él; se volteó para examinar mi expresión.



Pero no irás a escapar, ¿verdad?



Moví mi cabeza de un lado a otro.



¿Es orgullo, Edward? No hay nada vergonzoso en---



- No, no es orgullo lo que me mantiene aquí. No ahora.



¿No tienes a dónde ir?



Solté una carcajada corta. - No. Eso no me detendría, si yo quisiera irme.



- Nosotros iremos contigo, por supuesto, si eso es lo que necesitas. Sólo tienes que pedirlo. Tú has seguido adelante sin quejarte de nosotros. Nadie se enojará contigo.



Levanté una ceja.



Él se rió. - Sí, puede que Rosalie se enoje, pero ella te lo debe. De todas formas, es mucho mejor para todos que nos vayamos ahora, sin hacer daño alguno, que irnos después, luego de que una vida haya llegado a su fin. - Todo el humor se desvaneció.



Me estremecí a sus palabras.



- Sí. - Asentí. Mi voz sonó ronca.



¿Pero no te irás?



Suspiré. - Debería.-



- ¿Qué te detiene aquí, Edward? No logro ver... -



- No sé si pueda explicarlo. - Incluso para mí mismo, no tenía ningún sentido.



Él midió mi expresión por un largo momento.



No, no logro verlo. Pero respetaré tu privacidad, si así lo prefieres.



- Gracias. Es muy generoso de tu parte, teniendo en cuenta que yo no le doy privacidad a nadie. - Con una excepción. Y estaba haciendo todo lo posible para privarla de eso, ¿verdad?



Todos tenemos nuestros caprichos. Se rió de nuevo. ¿Nos vamos?



Justo en ese momento el había captado la esencia de una pequeña manada de ciervos.



Era difícil mostrar mucho entusiasmo, incluso bajo las mejores circunstancias, por un aroma que apenas abría el apetito. En estos momentos, con la memoria de la sangre de esa chica, fresca en mi mente, el olor revolvió mi estómago.



Suspiré. - Vamos – Asentí, incluso sabiendo que forzando más sangre bajar por mi garganta iba a ayudar muy poco.



Ambos cambiamos a una posición de ataque y dejamos que la poca apetente esencia nos guiara silenciosamente hacia adelante.



Estaba más helado cuando regresamos a casa. La nieve derretida se había vuelto a congelar; era como si una delgada capa de vidrio lo cubriera todo---cada rama de los pinos, cada hoja de helecho, cada lámina de hierba estaba cubierta de hielo.



Cuando Carlisle fue a vestirse para su próximo turno en el hospital, me quedé junto al río, esperando a que saliera el sol. Me sentí casi hinchado por la cantidad de sangre que había consumido, pero sabía que la actual carencia de sed significaría muy poco cuando me sentara al lado de la chica otra vez.



Helado y sin expresión como una roca, me senté, mirando la negra agua correr al lado de la congelada orilla, mirando fijamente a través de ella.



Carlisle tenía razón. Yo debería irme de Forks. Ellos inventarían una historia para explicar mi ausencia. Que me cambié de instituto a Europa. O fui a visitar a unos parientes.



Rebeldía adolescente. La historia no importaba. A nadie le importaría mucho.



Era sólo por un año o dos, y la chica ya no estaría. Se habría ido y hubiera continuado con su vida---ella tendría una vida con la cual seguir. Iría a la Universidad en algún lugar, envejecería, comenzaría una carrera, quizá se casaría con alguien. Podía imaginar eso---podía verla vestida toda de blanco y caminando con paso cuidadoso, su brazo enlazado con el de su padre.



Era incómodo, el dolor que esa imagen me causó. No lo podía entender. ¿Acaso estaba celoso, porque ella tenía un futuro que yo nunca podría tener? Eso no tenía sentido. Cada uno de los humanos a mi alrededor tenían esa misma oportunidad---una vida---y yo raramente me detuve a envidiarlos.



Debería permitirle tener su futuro. Parar de arriesgar su vida. Eso era lo correcto.



Carlisle siempre elegía el camino correcto. Debería escucharlo.



El sol apareció entre las nubes, y la débil luz hizo brillar todo el césped congelado.



Un día más, decidí. Sólo la vería una vez más. Podía soportar eso. Quizá mencionaría mi pendiente ausencia, construir la historia.



Esto iba a ser difícil; podía sentir eso en el fuerte desgano que me causaba sólo el pensar en las excusas para quedarme---para extender el límite a dos días, tres, cuatro... Pero yo haría lo correcto. Sabía que podía confiar en el consejo de Carlisle. Y también sabía que estaba demasiado confundido para tomar esta decisión sólo por mi cuenta.



Demasiado confundido. ¿Cuánto de este desgano provenía de mi obsesiva curiosidad, y cuánto provenía de mi insatisfecho apetito?



Entre a la casa para cambiarme de ropa para ir al instituto.



Alice me estaba esperando, sentada en el último escalón a la orilla del tercer piso.



Te vas de nuevo, me acusó.



Suspiré y moví la cabeza.



No puedo ver a dónde vas esta vez.



- Aún no sé a dónde voy. - Susurré.



Quiero que te quedes.



Negué con la cabeza.



Tal vez Jazz y yo podríamos ir contigo ...?



- Son más necesarios aquí, si yo no estoy para protegerlos. Y piensa en Esme. ¿Le quitarás la mitad de su familia en un abrir y cerrar de ojos?.-



La vas a poner muy triste.



- Lo sé. Es por eso que ustedes deben quedarse.-



No es lo mismo si tu no estás aquí, y tu lo sabes.



- Sí. Pero debo hacer lo que es correcto.-



Hay muchas maneras correctas, y muchas incorrectas, ¿o no?



Por un breve momento ella se introdujo dentro de una de sus extrañas visiones;



observé a lo largo de las imágenes poco definidas que parpadeaban rápidamente. Me ví a mi mismo mezclado con extrañas sombras que no podía entender---nubladas, imprecisas formas.



Y de pronto, repentinamente, mi piel estaba destellando en la brillante luz del sol en una pequeña pradera abierta. Este era un lugar que conocía. Había una figura en la pradera conmigo, pero, otra vez, era poco definida, no podía reconocerla. Las imágenes temblaron y desaparecieron como un millón de pequeños cambios en mi futuro de nuevo.



- No entendí mucho de eso, - le dije cuando la visión se puso oscura.



Yo tampoco. Tu futuro está cambiando tanto que no puedo llevarle el ritmo.



Creo, que...



Se detuvo, y me llevó por una extensa colección de sus otras recientes visiones. Todas eran iguales---borrosas y vagas.



- Creo que algo está cambiando. - me dijo en voz alta. - Tu vida parece estar en una encrucijada.-



Mi risa fue severa. - ¿Te das cuenta que estás sonando como un gitano farsante en un carnaval, verdad?-



Me sacó su pequeña lengua.



- Hoy está todo bien, ¿o no? - pregunté, mi voz sonó abruptamente aprehensiva.



- Hoy no te veo matando a nadie. - me aseguró.



- Gracias, Alice.-



- Ve a vestirte. Yo no diré nada---te dejaré decirle a los demás cuando estés listo.-



Se puso de pie y bajó las escaleras, sus hombros se encogieron levemente.



Te extrañaré, de verdad.



Sí, yo también la extrañaré mucho.



El camino al instituto estuvo muy tranquilo. Jasper sabía que Alice estaba molesta con algo, pero él sabía que si ella quería hablar acerca de aquello ya lo hubiera hecho. Emmett y



Rosalie estaban completamente ajenos a lo que estaba sucediendo, teniendo otro de sus momentos, mirando dentro de los ojos del otro con curiosidad---era molesto mirarlos desde fuera. Todos sabíamos cuán desesperadamente enamorados estaban. O tal vez me estaba volviendo amargado porque era el único que estaba sólo. Algunos días era más difíciles que otros vivir con tres perfectamente correspondidos amantes. Este era uno de esos días.



Quizás ellos serían más felices sin mí merodeando por ahí, con mi mal temperamento y comportándome como el viejo que debería ser a estas alturas.



Por supuesto, lo primero que hice al llegar al instituto fue buscarla a ella. Sólo para prepararme.



Correcto.



Era vergonzoso cómo mi mundo de repente parecía estar vacío de todo, menos de ella---toda mi existencia centrada a su alrededor, más que en el mío.



Era lo suficientemente fácil entender, realmente; después de ochenta años de lo mismo todos los días y todas las noches, cualquier cambio se volvía un punto de absorción.



Ella aún no llegaba, pero podía oír los ensordecedores ruidos del motor de la camioneta a la distancia. Me apoyé en un lado del auto a esperar. Alice se quedó conmigo, mientras los demás se fueron directo a clases. Estaban aburridos por mi fijación---era incomprensible para ellos cómo un humano podía mantenerme interesado por tanto tiempo, sin importar cuán bien olía.



La chica condujo lentamente hasta entrar en mi vista, sus ojos intensamente centrados en la carretera y sus manos firmemente apretadas al volante. Parecía ansiosa por algo. Me tomó un segundo darme cuenta de qué se trataba, dado que todos traían la misma cara el día de hoy. Ah, la carretera estaba cubierta de hielo, y todos estaban tratando de conducir con más cuidado. Podía ver que ella se taba tomando este nuevo riesgo muy seriamente.



Eso parecía estar en la lista de lo poco que había aprendido sobre su personalidad. Lo agregué a mi pequeña lista: era una persona seria, una persona responsable.



Estacionó no muy lejos de mí, pero no había notado que estaba parado aquí, mirándola.



Me pregunto ¿qué haría ella cuando me viera? ¿Ruborizarse y alejarse de mí?



Esa fue mi primera teoría. Pero tal vez me miraría también. Quizá se acercaría a



hablarme.



Respiré profundamente, llenando mis pulmones esperanzado, sólo por si acaso.



Ella salió de su camioneta con cuidado, probando el resbaladizo piso antes de poner



todo su peso en él. No miró hacia arriba, y eso me frustró mucho. A lo mejor yo podría ir a



hablarle...



No, eso no estaría bien.



En vez de girar hacia el instituto, caminó alrededor de su camioneta, afirmándose en



todo momento de ésta para no caerse, sin confiar en sus pasos. Me hizo sonreír, y sentí los



ojos de Alice en mi rostro. No escuché nada de lo ésta pudo haber estado pensando---me



estaba divirtiendo mucho mirando a la chica revisar sus cadenas para la nieve en los



neumáticos. Ella de verdad pensaba que podía caerse, por la forma en que sus pasos se



movían. Nadie más tenía problemas---¿acaso había estacionado en la peor parte?



Se detuvo allí, mirando abajo con una extraña expresión en su rostro. ¿Era...ternura?



¿Como si algo en las cadenas la...emocionara?



De nuevo, la curiosidad quemó como la sed. Era como si tuviera que saber qué estaba



pensando---como si nada más importara.



Iría a hablar con ella. De todas formas, parecía como si necesitara una mano, al menos



hasta que saliera del peligroso pavimento. Por supuesto, no podía ofrecerlo eso, ¿o si? Vacilé,



atormentado. Si no le gustaba la nieve, mucho menos iba a agradecer si la tocaba con mis



manos congeladas. Debí haberme puesto guantes---



- ¡NO! - Alice jadeó muy fuerte.



Al instante, escaneé sus pensamientos, pensando al principio que yo había tomado una



mala decisión y ella me había visto hacer algo horrible. Pero no tenía que ver nada conmigo.



Tyler Crowley había decidido tomar la curva hacia el aparcamiento a una imprudente



velocidad. Esta decisión lo llevaría a patinar a través de un parche de hielo...



La visión vino sólo medio segundo antes que la realidad. La furgoneta de Tyler tomó la



curva como si aún estuviera viendo la conclusión que había sacado ese jadeo en Alice.



No, esta visión no tenía nada que ver conmigo, pero aún así, tenía que ver



todo conmigo, porque la furgoneta de Tyler---las cadenas ahora golpeaban el hielo en el peor



ángulo posible---iba a dar vueltas a través del aparcamiento y atropellar a la chica quien se



había convertido en la inevitable razón de todo mi mundo.



Incluso sin la visión de Alice hubiera sido simple adivinar la trayectoria del vehículo,



volando fuera del control de Tyler.



La chica, parada exactamente en el lugar equivocado, en la parte trasera de su



camioneta, miró al frente, desconcertada por el sonido de los neumáticos a través del suelo.



Miró directamente a mi expresión de horror, y luego volteó para mirar su muerte



aproximándose.



¡Ella no! Las palabras dispararon en mi cabeza como si pertenecieran a alguien más.



Aún mirando los pensamientos de Alice, vi que la visión repentinamente cambió, pero



no tenía tiempo para ver en qué terminaba todo.



Me lancé a través del aparcamiento, introduciéndome entre la furgoneta y la atónita



chica. Me moví tan rápido que todo era un borrón por el objeto de mi foco. Ella no me vió---



ningún ojo humano podría haber seguido mi trayectoria---aún miraba a la increíble forma que



estaba a punto de aplastar su cuerpo contra la carrocería de metal de su camioneta.



La tomé por la cintura, moviéndome con demasiada urgencia para ser tan gentil como



ella hubiese querido que lo fuera. En la centésima de segundo que me tomó sacar su liviana



figura fuera del camino de la muerte y el tiempo en que choqué contra el suelo con ella en mis



brazos, ya estaba vívidamente enterado de su frágil y rompible cuerpo.



Cuando escuché su cabeza chocar contra el hielo, sentí como si yo también me



congelara.



Pero ni siquiera tuve un segundo completo para asistir su condición. Escuché la



furgoneta detrás de nosotros, chirriando mientras daba una vuelta alrededor del robusto



cuerpo de acero de su camioneta. Estaba cambiando su curso, formando arcos, viniendo por



ella otra vez---como si ella fuera un imán, atrayéndolo hacia nosotros.



Una palabra que nunca hubiera dicho en frente de una dama, se escapó entre mis



dientes.



Ya había hecho mucho. Cuando casi volé a través del aire para sacarla del camino,



estaba absolutamente consciente del error que estaba cometiendo. El saber que era un error



no me detuvo, pero no era totalmente ignorante sobre el riesgo que estaba tomando---



tomando, no sólo por mí, sino para toda mi familia.



Exposición.



Y esto ciertamente no iba a ayudar, pero de ninguna forma iba a permitir que la



furgoneta lograra quitarle la vida en este segundo intento.



La dejé caer y lancé mis manos hacia afuera, deteniendo la furgoneta antes de que



pudiera tocar a la chica. La fuerza me empujó hacia atrás dentro del lugar de estacionamiento



al lado de su camioneta, y pude sentir su carrocería doblarse detrás de mis hombros. La



furgoneta chocó contra el irrompible obstáculo de mis brazos, se volcó, y luego se balanceó



inestablemente en sus dos neumáticos derechos.



Si movía mi mano, la parte tracera de la furgoneta iba a caer en sus piernas.



Oh, por el amor de todo lo sagrado, ¿acaso la catástrofe no terminaría nunca? ¿Existía



algo más que pudiera ir mal? Difícilmente me podía sentar aquí, sosteniendo la furgoneta en el



aire, esperando algún rescate. Ni podía lanzarla lejos---debía considerar al conductor, sus



pensamientos eran incoherentes con el pánico.



Con un gruñido interno, empujé la furgoneta para que oscilara lejos de nosotros por un



instante. Cuando caía sobre mi, la sujeté por debajo de la carrocería con mi mano derecha



mientras enroscaba mi brazo izquierdo en la cintura de la chica de nuevo y la arrojaba fuera de



debajo de la furgoneta, apretándola fuertemente hacia mi costado. Su cuerpo se movió



mientras la balanceaba alrededor para que sus piernas quedaran libres de ningún peligro---



¿estaba consciente? ¿Cuánto daño le había causado en mi improvisado intento de rescate?



Dejé caer la furgoneta, ahora que no podía hacerle daño a ella. Chocó contra el



pavimento y todas las ventanas se rompieron al unísono.



Sabía que estaba en medio de una crisis. ¿Cuánto había visto ella? ¿Habían otros



testigos que me vieron materializarme a su lado y luego detener la furgoneta mientras trataba



de mantenerla fuera del alcance de la chica? Estas preguntas deberían ser mi mayor



preocupación.



Pero estaba demasiado ansioso para realmente preocuparme sobre la amenaza de



exponernos como debería. Demasiado asustado de que podía haberla herido en mi esfuerzo



por protegerla. Demasiado asustado de tenerla tan cerca de mí, sabiendo cómo olería si me



permitía inhalar. Demasiado consciente del calor de su suave cuerpo, presionado contra el



mío---incluso a través de ambos obstáculos de nuestras chaquetas, podía sentir ese calor...



El primer miedo fue el mayor. Mientras los gritos de los testigos hacían erupción



alrededor nuestro, la bajé para examinar su rostro, para ver si estaba consciente---esperando



fieramente que no estuviera sangrando por alguna herida.



Sus ojos estaban abiertos, mirando en estado de shock.



- ¿Bella? - pregunté desesperado. - ¿Cómo estás? -



- Estoy bien.- Dijo las palabras automáticamente en una deslumbrada voz.



Alivio, tan exquisito que casi dolió, recorrió mi cuerpo al sonido de su voz. Respiré por



entre mis dientes, y no me importó el acompañamiento ardiente en mi garganta. Casi lo



agradecía.



Ella trato de ponerse de pie, pero yo no estaba listo para soltarla. Se sentía de alguna



manera...¿seguro? Mejor, al menos, al tenerla a mi lado.



- Ve con cuidado.- Le advertí. - Creo que te has dado un buen porrazo en la cabeza.-



No había en ningún lado olor a sangre fresca---un milagro---pero esto no descartaba



algún daño interno. Estaba abruptamente ansioso de llevarla con Carlisle y a un completo



equipamiento de radiología.



- ¡Ay!.- dejo, su tono cómicamente se sorprendió al darse cuenta que tenía razón sobre



su cabeza.



- Tal y como pensaba....- El alivio me alegró, me puso casi vertiginoso.



- ¿Cómo demo...?.- Su voz se apagó, y sus párpados revolotearon. - ¿Cómo llegaste



aquí tan rápido?.-



El alivio se tornó amargo, y el humor se desvaneció. Ella sí había notado demasiado.



Ahora que estaba seguro de que la chica estaba en perfectas condiciones, la ansiedad



por mi familia se volvió severa.



- Estaba a tu lado, Bella.- Sabía por mi experiencia que si era muy convincente al



mentir, cualquiera que preguntara estaría cada vez menos seguro de la verdad.



Se sacudió de nuevo, y esta vez la solté. Necesitaba respirar para actuar mi papel



correctamente. Necesitaba espacio entre su calor sanguíneo y yo, lo más lejos posible en el



pequeño espacio entre los maltratados vehículos.



Ella me miró, y yo a ella. El mirar a otro lado primero que ella, fue un error que sólo un



mentiroso incompetente hubiera cometido, y yo no era un mentiroso incompetente. Mi



expresión era lisa, benigna... Parecía confundirla. Eso era bueno.



El escenario del accidente ahora estaba rodeado. Mayormente por estudiantes, niños,



mirando fijamente y empujándose a través de los restos para ver si había algún cuerpo



destrozado. Había un balbuceo de gritos y chorro de pensamientos en shock. Escaneé los



pensamientos una vez que estaba seguro que no había alguna sospecha, y luego los dejé de



escuchar concentrándome sólo en la chica.



Estaba distraída por la que se armó. Miró alrededor, su expresión todavía estaba



atontada, y trató de ponerse de pie.



Puse mi mano suavemente en su hombro para mantenerla donde estaba.



- Quédate ahí por ahora.- Ella parecía estar bien, ¿pero debería estar moviendo su



cuello? De nuevo, deseé estar con Carlisle. Mis años de estudios médicos teóricos no se



comparaban con sus siglos de práctica.



- Pero hace frío.- Objetó.



Había estado casi al borde de morir aplastada, dos veces, casi quedó lisiada una vez, y



a ella lo que le preocupaba era el frío. Me reí entre dientes antes de recordar que la situación



no era para nada graciosa. Bella parpadeó, y luego sus ojos se enfocaron en mi rostro.



- Estabas allí, lejos – Eso me puso serio otra vez.



Ella miró hacia el sur, pero no había nada que mirar ahí ahora, sólo el arrugado costado



de la furgoneta. - Te encontrabas al lado de tu coche.-



- No, no es cierto.-



- Te ví. - Insistió; su voz sonaba muy infantil cuando se ponía obstinada. Su barbilla



sobresalió un poco.



- Bella, estaba contigo, a tu lado, y te quité de en medio.-



Miré profundamente a sus ojos abiertos de par en par, tratando de que ella aceptara mi



versión---la única versión racional en la mesa.



Su mandíbula se tensó. - No.-



Traté de mantenerme calmado, sin entrar en pánico. Si sólo la pudiera mantener callada



sólo por unos momentos, para darme una oportunidad de destruir la evidencia...e invalidar su



historia con la excusa de su golpe en la cabeza.



¿No debería ser fácil mantener a esta silenciosa, reservada chica, callada? Si solo ella



confiara en mí, sólo por un momento...



- Por favor, Bella – Le dije, y mi voz sonó muy intensa, porque de pronto



quería que ella confiara en mí. Lo quería de verdad, y no solo por respeto, después del



accidente. Un estúpido deseo. ¿Qué sentido tenía el que ella confiara en mi?



- ¿Por qué?.- preguntó, todavía a la defensiva.



- Confía en mi.- le rogué.



- ¿Prometes explicármelo todo después? -



Me enojó mucho tener que mentirle otra vez, cuando deseaba por todos los medios



poder merecerme su confianza. Así que, cuando le respondí, fue una réplica.



- Muy bien.-



- Muy bien.- repitió en el mismo tono de recriminación.



Cuando el rescate comenzó a acercarse a nosotros---llegaron adultos, autoridades,



sirenas en la distancia---traté de ignorarla y poner mis prioridades en orden. Busqué en todas



las mentes en el aparcamiento, los testigos y los que venían llegando tarde, pero no encontré



nada peligroso. Muchos estaban sorprendidos de verme aquí al lado de Bella, pero todos



concluían---como si no hubiera otra posible conclusión---que sólo no habían notado que estaba



junto a ella antes del accidente.



Ella era la única que no aceptaba tan fácilmente esa explicación, pero consideraría al



menos a los confiables testigos. Ella estaba asustada, traumatizada, sin mencionar el fuerte



golpe en su cabeza. Posiblemente en shock. Sería aceptable para su historia que estuviera



confundida, ¿cierto? Nadie le daría mucha importancia en contra de muchos otros



espectadores...



Hice una mueca de dolor cuando escuché los pensamientos de Rosalie, Jasper y



Emmett, justamente llegando a la escena. Ellos me harían pagar un infierno por esto, esta



noche.



Quería borrar la marca que hicieron mis hombros contra el oscuro auto, pero la chica



estaba muy cerca. Tendría que esperar hasta que se distrajera.



Era frustrante esperar---con tantos ojos encima de mi---mientras los humanos luchaban



con la furgoneta, tratando de empujarla lejos de nosotros. Los hubiera ayudado, solo para



apurar el proceso, pero ya estaba en suficientes problemas y la chica me sostenía la mirada.



Finalmente, pudieron rotarla lo suficientemente lejos para que los EMTs (sigla de Emergency



Medical Technician / Técnicos Médicos de Emergencia) llegaran a nosotros con sus camillas.



Una familiar, tristona cara me examinó.



- Hola, Edward – Brett Warner me saludó. Él era un enfermero registrado, y lo conocía



bien, del hospital donde trabaja Carlisle. Fue un golpe de suerte---el único en el día de hoy---



que él fuera el primero en llegar hasta nosotros. En sus pensamientos, no había nada que no



fuera alerta y calma. - ¿Estás bien, chico? -



- Perfectamente, Brett. Nada me tocó. Pero me temo que Bella podría tener una



contusión. Se pegó muy fuerte en la cabeza cuando la quité del camino... -



Brett puso su atención en la chica, quien me lanzó una fiera mirada de traición. Oh, era



cierto. Ella sí era el mártir silencioso---prefería sufrir en silencio.



No contradijo mi historia inmediatamente, y esto me hizo sentir más tranquilo.



El próximo EMT trató de insistir de que les permitiera examinarme, pero no era



demasiado difícil persuadirlo. Prometí que dejaría que mi padre me examinara, y él se rindió.



Como la mayoría de los humanos, hablando con tranquila seguridad, era todo lo que se



necesitaba. La mayoría, pero no esta chica, por supuesto. ¿Acaso encajaba en alguno de los



patrones normales?



Mientras le ponían un collarín---y su rostro se enrojeció de la vergüenza---aproveché el



momento de distracción para arreglar, sigilosamente, la forma de la abolladura en el auto con



la parte trasera de mi pie. Sólo mis hermanos notaron lo que estaba haciendo, y escuché la



promesa mental de Emmett de arreglar cualquier cosa que se me pasara por alto.



Agradecido por su ayuda---y más agradecido aún de que Emmett, al fin, haya



perdonado mi peligrosa elección---ahora estaba más relajado mientras subía al asiento



delantero de la ambulancia, al lado de Brett.



El jefe de policía llegó antes de que metieran a Bella dentro de la parte trasera de la



ambulancia.



Los pensamientos del padre de Bella eran palabras del pasado, el pánico y preocupación



emanando de la mente del hombre ahogaban a cualquier otro pensamiento en el lugar. Muda



ansiedad y culpa, una gran inflación de ellos, salieron de él como si sólo pudiera ver a su única



hija en el lugar.



Emanaron de él y a través de mi, haciendo eco, creciendo más fuertes. Cuando Alice me



había advertido que matando a la hija de Charlie Swan lo mataría a él también, ella no estaba



exagerando.



Mi cabeza se arqueó con esa culpa mientras escuchaba su voz en pánico.



- ¡Bella! - gritó.



- Estoy perfectamente, Char---papá. - Suspiró. - No me pasa nada. -



Su seguridad apenas calmó su pavor. Se volteó inmediatamente al EMT más cercano y



demandó más información.



No fue hasta que lo escuché hablar, formando oraciones perfectamente coherentes



desafiando su pánico, que me di cuenta que su ansiedad y preocupación no eran mudas. Yo



solo...no podía escuchar sus palabras exactas.



Hmm. Charlie Swan no era tan silencioso como su hija, pero podía ver ahora de dónde



lo había heredado ella. Interesante.



Yo nunca había pasado mucho tiempo alrededor del Jefe de Policía de la ciudad.



Siempre lo tomé por un hombre de pensamientos lentos---ahora me doy cuenta que yo era el



lento. Sus pensamientos eran parcialmente encubiertos, no ausentes. Sólo podía sacar el



tenor, el tono de ellos...



Quería escuchar con mayor esfuerzo, para ver si podía encontrar en este nuevo, menor



rompecabezas la llave para los secretos de la chica. Pero Bella fue cargada dentro de la



ambulancia para ese entonces, y la ambulancia ya estaba en camino.



Era difícil alejarme de esta posible solución al misterio que me ha obsesionado. Pero



tenía que pensar ahora---mirar qué había hecho hoy día desde todos los ángulos. Tenía que



escuchar, para asegurarme de que no nos había puesto en demasiado peligro en que



tuviéramos que irnos inmediatamente. Tenía que concentrarme.



No había nada en los pensamientos de los EMTs que me preocuparan. Lo más que



podían decir, era que la chica no tenía nada serio. Y Bella se estaba apegando a la historia que



le había dado, hasta ahora.



La primera prioridad, cuando llegáramos al hospital, era ver a Carlisle. Me apuré a



través de las puertas automáticas, pero era incapaz de renunciar totalmente de cuidar a Bella;



mantuve un ojo en ella a través de los pensamientos de los paramédicos.



Fue fácil encontrar la familiar mente de mi padre. Él estaba en su pequeña oficina,



totalmente solo---el segundo golpe de suerte en este maldito día.



- Carlisle.-



Escuchó mi aproximación, y quedó alarmado al momento en que vió mi rostro. De un



salto se puso de pie, su piel palideciendo al blanco de un hueso. Se inclinó hacia adelante a



través del, cuidadosamente organizado, escritorio.



Edward---tu no---



- No, no, no es eso. -



Respiró profundo. Por supuesto que no. Siento mucho haber considerado el



pensamiento. Tu ojos, por supuesto, debí haberlo sabido... Él notó con alivio que mis ojos aún



eran dorados.



- De todas maneras, ella está herida, Carlisle, probablemente nada serio, pero... -



- ¿Qué fue lo que ocurrió? -



- Un estúpido accidente automovilístico. Ella estaba en el lugar equivocado en el



momento equivocado. Pero no podía sólo quedarme ahí---dejar que la aplastara... -



Comienza de nuevo, no estoy entendiendo. ¿Cómo estuviste tú involucrado en todo



esto?



- Una furgoneta patinó sobre el hielo, - susurré. Miré a la muralla detrás de él mientras



hablaba. En vez de una multitud de diplomas enmarcados, él tenía una simple pintura al



óleo---una de sus favoritas, un aún no descubierto Hassam. - Ella estaba en el camino. Alice lo



vió venir, pero no había tiempo de hacer nada más que realmente correr a través del



aparcamiento quitarla de en medio. Nadie lo notó...excepto ella. Tenía que detener la



furgoneta, también, pero otra vez, nadie vió eso...excepto ella. Yo...lo siento mucho Carlisle.



No quise ponernos a todos en peligro.-



Rodeó el escritorio y puso su mano en mi hombro.



Hiciste lo correcto. Y no debió ser fácil para tí. Estoy orgulloso de tí, Edward.



Ahora podía mirarlo a los ojos. - Ella sabe que hay algo...raro conmigo.-



- Eso no importa. Si nos tenemos que ir, nos iremos. ¿Qué ha dicho ella?-



Moví mi cabeza, un poco frustrado. - Nada aún.-



¿Aún?



- Ella estuvo de acuerdo con mi versión de los hechos---pero está esperando una



explicación.-



Él frunció el ceño, considerando esto.



- Se golpeó la cabeza---bueno, en realidad yo le golpeé la cabeza,- continué



rápidamente. - La golpeé contra el piso bastante fuerte. Ella parece estar bien, pero... No creo



que cueste mucho desacreditar su historia.-



Me sentí un delincuente al decir esas palabras.



Carlisle oyó el hastío en mi voz. Quizá eso no será necesario. Veamos qué pasa,



¿vamos? Suena como que tengo un paciente que atender.



- Por favor.- le dije. - Estoy tan preocupado de que la haya herido. -



La expresión de Carlisle se aclaró. Sacudió su rubio cabello---sólo unos tonos más



claros que ojos dorados---y se rió.



Ha sido un día interesante para ti, ¿verdad? En su mente, podía ver la ironía, y era



gracioso, al menos para él. Como si los roles se hubieran invertido. En algún lugar durante ese



corto silencioso segundo cuando me lancé a través del congelado pavimento, me había



transformado de asesino a protector.



Me reí con él, recordando la seguridad que tenía de que Bella jamás necesitaría



protección de nada más que de mí. Había un límite para mi risa porque, con furgoneta o sin



furgoneta, eso era totalmente verdad.



Esperé solo en la oficina de Carlisle---una de las horas más largas que había vivido---



escuchando el hospital lleno de pensamientos.



Tyler Crowley, el conductor de la furgoneta, parecía estar herido peor que Bella, y la



atención a él mientras ella esperada su turno para que le tomaran radiografías. Carlisle se



mantuvo en el fondo, confiando en el diagnóstico de los exámenes, que la chica solo estaba



levemente lastimada. Esto me puso ansioso, pero sabía que él tenía razón. Un sola mirada a su



rostro y ella estaría inmediatamente recordándome, en el hecho de que había algo raro



conmigo y mi familia, y eso podía hacerla hablar.



Ella ciertamente tenía suficientes compañeros para conversar. Tyler estaba consumido



por la culpa, ya que casi la había matado, y no parecía que iba a callarse. Podía ver su



expresión a través de los ojos de Tyler, y estaba claro que ella deseaba que el se callara.



¿Cómo el no podía ver eso?



Hubo un momento muy tenso para mí cuando Tyler le preguntó cómo había salido fuera



del camino.



Esperé, sin respirar, mientras ella vacilaba.



- Pues... - La oyó decir. Entonces hizo una pausa tan larga que Tyler pensó si la había



confundido con su pregunta. Finalmente, continuó. - Edward me empujó para apartarme de la



trayectoria de la furgoneta.-



Exhalé. Y entonces mi respiración se agitó. Nunca antes la había escuchado decir mi



nombre. Me gustó como sonó---incluso escuchándolo a través de los pensamientos de Tyler.



Quería escucharlo por mí mismo...



- Edward Cullen,- ella dijo, cuando Tyler parecía confuso respecto a lo que ella se



refería. Me encontré a mi mismo en la puerta, con mi mano en la perilla. El deseo de verla se



estaba haciendo cada vez más fuerte. Me tenía que auto recordar la necesidad de precaución.



- Estaba a mi lado.-



- ¿Cullen? Huh. Eso es raro. - No lo vi... Podría jurar... - ¡Vaya, todo ocurrió muy



deprisa! ¿Está bien?-



- Supongo que sí. Anda por aquí cerca, pero a él no le obligaron a utilizar una camilla.-



Ví la pensativa mirada en su rostro, la sospecha ajustándose en sus ojos, pero estos



pequeños cambios en su expresión no eran perceptibles para Tyler.



Es bonita, él estaba pensando, casi con sorpresa. Incluso toda desarreglada. No es de



mi gusto común, aún así... Debería invitarla a salir. Arreglar lo de hoy...



Yo estaba en el pasillo, a mitad de camino de la sala de emergencias, sin pensar por un



segundo en lo que estaba haciendo. Por suerte, la enfermera entró en la habitación antes de



que yo pudiera---era el turno de Bella para los rayos X. Me apoyé contra la pared en un oscuro



rincón justo a la vuelta de la esquina, y traté de mantener la compostura mientras ella se



alejaba rodando en la silla de ruedas.



No importaba que Tyler pensara que era bonita. Cualquiera podía notar eso. No había



ninguna razón para que me sintiera...¿cómo me sentía? ¿Molesto? ¿O era rabia lo que se



acercaba a la verdad? Esto no tenía sentido para nada.



Me quedé donde estaba por el mayor tiempo que pude, pero la impaciencia me ganó y



tomé un camino que iba por detrás de la sala de radiología. Ya la habían trasladado de nuevo a



la sala de emergencias, pero podía echar una mirada a sus radiografías mientras la enfermera



estaba de espaldas.



Me sentí más calmado cuando los ví. Su cabeza estaba bien. No la había herido, no



realmente.



Carlisle me atrapó allí.



Te ves mejor, comentó.



Miré directo al frente. No estábamos solos, los pasillos estaban llenos de camilleros y



visitas.



Ah, sí. Pegó las radiografías a la pizarra iluminada, pero no necesitaba una segunda



mirada. Ya veo. Ella está absolutamente bien. Bien hecho, Edward.



El sonido de la aprobación de mi padre crearon una mezcla de reacciones en mí. Me



hubiera puesto contento, excepto porque sabía que él no aprobaría lo que estaba a punto de



hacer ahora. Al menos, no lo aprobaría si conociera mis reales motivaciones...



- Creo que iré a hablar con ella---antes de que te vea.- Murmuré bajo mi respiración.



- Actúa natural, como si nada hubiera pasado. Suaviza las cosas. - Todas eran razones



aceptables.



Carlisle cabeceó ausentemente, aún mirando las radiografías. - Buena idea. Hmm. -



Miré para ver qué había aumentado su interés.



¡Mira todas esas contusiones curadas! ¿Cuántas veces la habrá dejado caer su madre?



Carlisle rió pasa sí mismo por su broma.



- Estoy comenzando a pensar que la chica solo tiene realmente mala suerte. Siempre



en el lugar equivocado y en el momento equivocado. -



Forks es ciertamente el lugar equivocado para ella, contigo aquí.



Me estremecí.



Vamos, vé. Suaviza las cosas un poco. Yo te acompañaré en un momento.



Caminé rápidamente, sintiéndome culpable. Quizá era muy buen mentiroso, si podía



engañar a Carlisle.



Cuando llegué a la sala de emergencias, Tyler estaba murmurando bajo su aliento, aún



disculpándose. La chica estaba tratando de escapar a su remordimiento pretendiendo dormir.



Sus ojos estaban cerrados, pero su respiración no estaba acompasada, y de vez en cuando



tamborileaba sus dedos impacientemente.



Miré su rostro por un largo momento. Esta sería la última vez que la vería. Este hecho



accionó un agudo dolor en mi pecho. ¿Era porque no quería irme dejando un rompecabezas sin



resolver? Eso no parecía una explicación muy convincente.



Finalmente, respiré profundo y entré.



Cuando Tyler me vió, comenzó a hablar, pero puse un dedo en mis labios.



- ¿Estará durmiendo? - Murmuré.



Los ojos de Bella se abrieron y se enfocaron en mi rostro. Se abrieron de par en par por



un momento, y entonces se achicaron de cólera y sospecha. Recordé que tenía que interpretar



un papel, así que le sonreí como si nada inusual hubiera ocurrido esta mañana---aparte de un



golpe a su cabeza y un poquito de imaginación.



- Oye, Edward, - dijo Tyler. - lo siento mucho... -



Levanté una mano para detener su disculpa, - No hay culpa sin sangre. - Dije



irónicamente. Sin pensar, también sonreí abiertamente a mi broma privada.



Fue asombrosamente fácil ignorar a Tyler, acostado a no más de un metro y medio de



mí, cubierto en sangre fresca. Nunca comprendí cómo Carlisle podía hacer esto---ignorar la



sangre de sus pacientes para poder tratarlos. ¿Acaso la constante tentación no lo distraía, no



era peligroso...? Pero, ahora...podía ver cómo, si te enfocabas en algo mucho más



fuerte, la tentación no significaba nada.



Incluso fresca y expuesta, la sangre de Tyler no era nada comparada con la Bella.



Mantuve mi distancia de ella, sentándome a los pies de la camilla de Tyler.



- ¿Bueno, cuál es el diagnóstico?- le pregunté.



Su labio inferior sobresalió un poco. - No me pasa nada, pero no me dejan marcharme.



¿Por qué no te han atado a una camilla como a nosotros?.-



Su impaciencia me hizo sonreír de nuevo. Podía oír a Carlisle en el pasillo.



- Tengo enchufe – dije ligeramente. - Pero no te preocupes, voy a liberarte.-



Observé su reacción cuidadosamente mientras mi padre entraba en la habitación. Sus



ojos se abrieron un poco más y su boca de verdad se abrió completamente en sorpresa. Gruñí



internamente. Sí, ella ciertamente había notado el parecido.



- Bueno, señorita Swan, ¿cómo se encuentra? - preguntó Carlisle. Tenía una grandiosa



habilidad para tranquilizar a sus pacientes. No podría decir cómo afectó esto a Bella.



- Estoy bien.- ella dijo tranquilamente.



Carlisle puso sus radiografías en la pizarra iluminada al lado de la cama. - Las



radiografías son buenas. ¿Le duele la cabeza? Edward me ha dicho que se dió un golpe



bastante fuerte.-



Ella suspiró, y luego dijo, - Estoy bien.- de nuevo, pero esta vez con impaciencia.



Entonces miró en mi dirección.



Carlisle se acercó a ella y recorrió gentilmente sus dedos sobre cuero cabelludo hasta



que encontró el golpe bajo su cabello.



Me atacó una ola de emociones que me encontraron con la guardia baja.



Había visto a Carlisle trabajar con humanos cientos de veces. Años atrás, yo lo había



asisto informalmente---sólo en situaciones dónde la sangre no estuviera implicada. Así que no



era cosa nueva para mi, mirarlo interactuar con la chica como si él mismo fuera humano como



ella. Muchas veces había envidiado su control, pero eso no era lo mismo que sentía en este



momento. Envidiaba mucho más que su control. Sufría por la diferencia entre Carlisle y yo---



que él pudiera tocarla tan gentilmente, sin miedo, sabiendo que él nunca le haría daño...



Ella hizo una mueca de dolor, y yo me revolví en mi asiento. Tenía que concentrarme



por un momento para mantener mi postura relajada.



- ¿Le duele?.- le preguntó Carlisle.



Su barbilla se movió una fracción. - No mucho.- dijo ella.



Otra pequeña pieza de su personalidad cayó en su lugar: era valiente. No le gustaba



demostrar debilidad.



Posiblemente la más vulnerable criatura que había visto jamás, y ella no quería parecer



débil. Una risita se escapó entre mis labios.



Me lanzó una mirada fulminante.



- De acuerdo – dijo Carlisle. - Su padre se encuentra en la sala de espera. Se puede ir a



casa con él, pero debe regresar rápidamente si siente mareos o algún trastorno de visión.-



¿Su padre estaba aquí? Pasé a través de los pensamientos de la multitud de la sala de



espera, pero no podía encontrar su sutil voz mental fuera del grupo antes de que ella hablara



de nuevo, con su rostro ansioso.



- ¿No puedo ir a la escuela?.-



- Hoy debería tomarse las cosas con calma.- sugirió Carlisle.



Sus ojos volvieron a fijarse en mí. ¿Puede él ir a la escuela?.-



Actúa normal, suaviza las cosas...ignora lo que se siente cuando ella me mira a los



ojos...



- Alguien debe darles la buena nueva de que hemos sobrevivido.- le dije.



- En realidad,- Carlisle corrigió, - parece que la mayoría de los estudiantes están en la



sala de esperas.



Esta vez anticipé su reacción---su aversión por la atención. No se decepcionó.



- ¡Oh, no!.- gimió, y se cubrió el rostro con las manos.



Me gustó haber adivinado bien esta vez. Estaba comenzando a entenderla...



- ¿Quiere quedarse aquí? - preguntó Carlisle.



- ¡No, no!.- dijo rápidamente, al tiempo en que sacaba sus piernas por el borde de la



camilla y se levantaba con prisa poniendo sus pies en el piso. Se tambaleó hacia adelante, a



los brazos de Carlisle. Él la atrapó y la estabilizó.



De nuevo, la envidia recorrió mi cuerpo.



- Me encuentro bien.- dijo ella antes de que Carlisle pudiera decir algo, y sus mejillas se



sonrojaron con un hermoso rosado.



Por supuesto, eso no molestaría a Carlisle. Se aseguró que estuviera estable, y luego la



soltó.



- Tome unas pastillas de Tylenol contra el dolor.- el sugirió.



- No me duele mucho.-



Carlisle sonrió mientras firmaba sus papeles. - Parece que ha tenido muchísima suerte.-



Ella se volteó lentamente, para lanzarme una fulminante mirada.- La suerte fue que



Edward estuviera a mi lado.-



- Ah, sí, bueno – Carlisle agregó rápidamente, escuchando lo mismo que escuché yo en



su voz. Ella no creía que su sospecha fuera producto de su imaginación. No todavía.



Toda tuya, pensó Carlisle. Maneja esto como creas que es mejor.



- Muchas gracias.- susurré, quieto y tranquilo. Ningún humano podría oírme. Los labios



de Carlisle formaron una pequeña sonrisa al entender mi sarcasmo, mientras se volvía hacia



Tyler. - Lamento decirle que usted se va a tener que quedar con nosotros un poquito más.-



dijo, mientras comenzaba a examinarlo.



Bueno, yo causé esto, así que era justo que yo tuviera que arreglarlo.



Bella caminó deliberadamente hacia mí, sin detenerse hasta que estuviera



incómodamente cerca. Recordé cómo había deseado, antes de todo el desastre, que ella se



acercara a mi... Esto era como una burla a ese deseo.



- ¿Puedo hablar contigo un momento? - me silbó en un susurró.



Su cálido aliento rasguñó mi rostro y tuve que retroceder un paso. Su petición no había



disminuido ni un poco. Cada vez que ella estaba cerca de mí, gatillaba todos mis peores,



urgentes instintos. El veneno llenó mi boca y mi cuerpo anhelaba atacar---de tomarla entre



mis brazos y romper su garganta con mis dientes.



Mi mente era más fuerte que mi cuerpo, pero sólo un poco.



- Tu padre te espera.- le recordé, con la mandíbula tensa.



Ella miró hacia Carlisle y Tyler. Tyler no nos prestaba atención, pero Carlisle estaba



monitoreando cada respiro.



Con cuidado, Edward.



- Quiero hablar contigo a solas, si no te importa.- me insistió en una baja voz.



Quería decirle que no me importaba en lo absoluto, pero sabía que tendría que hacer



esto. Mejor sería que empezara de una vez.



Estaba lleno de tantas emociones conflictivas mientras salía de la habitación,



escuchando sus pasos detrás de mi, tratando de ir a mi ritmo.



Tenía un show que presentar. Sabía que el papel que representaría---tenía el personaje



más bajo: sería el villano. Mentiría, y ridiculizaría y sería muy cruel.



Fuí en contra de todos mis mejores impulsos---los impulsos humanos a los que me



aferré todos estos años. Nunca quise merecer confianza más que en este momento, cuando



debía destruir toda posibilidad de merecerla.



Todo era peor al saber que este sería el último recuerdo que ella tendría de mi. Esta era



mi escena de despedida.



Me volví hacia ella.



- ¿Qué quieres? - pregunté molesto.



Se encogió y retrocedió a mi hostilidad. Sus ojos se tornaron desconcertados, la



expresión que me había hechizado...



- Me debes una explicación.- me dijo en una pequeña voz; su cara de marfil palideció.



Era muy difícil mantener mi voz áspera. - Te salve la vida. No te debo nada.-



Ella parpadeó---quemaba como ácido el ver cómo la herían mis palabras.



- Me lo prometiste.- susurró.



- Bella, te diste un fuerte golpe en la cabeza, no sabes de qué hablas.-



Su barbilla se tensó. - No me pasaba nada en la cabeza.-



Estaba enojada de nuevo, y eso lo hizo todo más fácil. Le respondí su mirada, poniendo



mi rostro menos amigable.



- ¿Qué quieres de mi, Bella? -



- Quiero saber la verdad. Quiero saber por qué miento por ti.



Lo que ella quería era absolutamente justo---me frustraba tener que negárselo.



- ¿Qué crees que pasó?.- Casi le gruñí.



Sus palabras salieron torrencialmente. - Todo lo que sé es que no estabas cerca de mi,



en absoluto, y Tyler tampoco te vió, de modo que no me vengas con eso de que me he dado



un golpe muy fuerte en la cabeza. La furgoneta iba a matarnos, pero no lo hizo. Tus manos



dejaron abolladuras tanto en la carrocería de la furgoneta como en el coche marrón, pero haz



salido ileso. Y luego la sujetaste cuando me iba a aplastar las piernas... -



De pronto, juntó sus dientes y de sus ojos comenzaron a aparecer unas indeseadas



lágrimas.



La miré, con una expresión burlona, pues todo lo que sentía era en realidad temor; ella



lo había visto todo.



- ¿Crees que aparté a pulso una furgoneta?.- le pregunté sarcásticamente.



Me respondió con un cabeceo hacia adelante.



Mi voz se hizo más burlona. - Nadie te va a creer, ya lo sabes.-



Ella se esforzó para controlar su rabia. Cuando me respondió, habló cada palabra con



deliberada lentitud. - No se lo voy a decir a nadie.-



Era verdad---podía ver eso en sus ojos. Incluso furiosa y traicionada, ella guardaría mi



secreto.



¿Por qué?



El shock que me causó su respuesta me arruinó mi cuidadosamente designada



expresión por medio segundo, y luego me recompuse.



- Entonces, ¿qué importa?.- pregunté, tratando de mantener mi voz severa.



- Me importa a mí.- me dijo intensamente. - No me gusta mentir, por eso quiero tener



un buen motivo para hacerlo.-



Me estaba pidiendo que confiara en ella. Igual que yo quería que ella confiara en mí.



Pero esta era una línea que yo no podía cruzar.



Mi voz se mantuvo cruel. - ¿Es que no me lo puedes agradecer y punto? -



- Gracias.- me dijo casi echando humo, esperando.



- No vas a dejarlo correr, ¿verdad?.-



- No.-



- En tal caso...- No podía decirle la verdad aunque quisiera...y no quería. Prefería que



ella se armara su propia historia a que supiera lo que soy, porque nada podía ser peor que la



verdad---yo era una pesadilla viviente, sacado de las páginas de una novela de terror. - espero



que disfrutes de la decepción.-



Nos miramos mutuamente con el ceño fruncido. Era incómodo lo atractivo que resultaba



ser su enojo. Como un gatito furioso, suave y desprotegido, y tan inconsciente de su



vulnerabilidad.



Se ruborizó y juntó sus dientes de nuevo. - ¿Por qué te molestaste en salvarme? -



Su pregunta no era algo que estuviera esperando, preparado para responder. Perdí el



hilo en el papel que estaba representando. Sentí cómo la máscara se caía de mi rostro, y le



dije---esta vez---la verdad.



- No lo sé.-



Memoricé su rostro una vez más---aún estaba enojada, la sangre aún no se había



desvanecido de sus mejillas---y entonces me di vuelta y me alejé de el                                                                                                  

sol de media media noche Capitulo 2

Capítulo 2




LIBRO ABIERTO









Me recliné contra un suave montículo de nieve, dejando que la nieve seca se acomodara en torno a mi peso. Mi piel se enfrió hasta que ya no sentía el aire a mi alrededor, y los pequeños pedazos de hielo se sintieron como terciopelo bajo mi piel.



Arriba, el cielo era claro, con estrellas, brillando intensamente, azul en algunas partes y amarillo en otras. Las estrellas creaban majestuosas y remolinadas formas contra el negro universo -- una vista maravillosa. Exquisitamente hermosa. O por lo menos, debió serlo. Lo hubiera sido, si yo hubiera logrado verlo.



No estaba mejorando nada. Seis días habían pasado, seis días me escondí aquí en el vacío y deshabitado Denali, pero no estaba ni cerca a la libertad que tenía hasta la primera vez capté su esencia.



Cuando miré al brillante cielo, fue como si hubiera una obstrucción entre mis ojos y su belleza. La obstrucción era un rostro humano, poco destacable, pero no podía borrarlo de mi mente. Escuché los pensamientos acercándose antes de escuchar los pasos que los acompañaban. El sonido del movimiento era sólo un débil susurro contra la nieve.



No me sorprendió que Tanya me hubiera seguido hasta aquí. Sabía que ella había estado reflexionando esta futura conversación en los últimos días, aguardando hasta que estuviera segura de lo que quería decir exactamente.



La visualicé a unos 55 metros de distancia, balanceándose en la orilla de una negra roca.



La piel de Tanya era plateada a la luz de las estrellas, y sus rizos rubios y largos se veían casi rosados con su color fresa.



Sus ojos color ámbar brillaron mientras me espiaba, medio enterrado en la nieve, y sus labios se estrecharon lentamente en una sonrisa.



Exquisito. Si hubiera logrado notarlo. Suspiré.



Ella se agachó y con la punta de sus dedos tocó el borde de la roca, su cuerpo giró en una espiral.



Cannonball, pensó.



Se lanzó al aire; su forma se transformó en una oscura y retorcida sombra mientras giraba elegantemente entre las estrellas y yo. Formó una bola con su cuerpo justo en el momento en que tocó el montículo de nieve detrás de mí.



Una ventisca de nieve voló a mí alrededor. Las estrellas se volvieron negras y yo estaba enterrado en los plumosos cristales de hielo.



Suspiré de nuevo, pero no me moví para desenterrarme. La oscuridad debajo de la nieve ni dolió ni mejoró la vista. Todavía veía el mismo rostro.



- ¿Edward?



Había nieve volando de nuevo mientras Tanya rápidamente me desenterraba. Removió la nieve de mi rostro inanimado, sin mirar mis ojos.



- Disculpa, - murmuró. - Era una broma.



- Lo sé. Fue divertido.



Su boca se torció hacia abajo.



- Irina y Kate dicen que debo dejarte solo. Ellas piensan que te molesto.



- Para nada, - le aseguré. - Al contrario, soy yo quien está siendo grosero --



Abominablemente grosero. Lo lamento mucho.



Te irás a casa, ¿verdad? Ella pensó.



- No lo he...exactamente...decidido aún.



Pero no te quedarás aquí. Su pensamiento fue melancólico, triste.



- No. No parece estar...ayudándome.



Hizo una mueca. - Es mi culpa, ¿verdad?



- Por supuesto que no. - Mentí gentilmente.



No seas caballero.



Sonreí.



Te hago sentir incómodo. Se acusó.



- No.



Levantó una ceja, su expresión era tan discrepante que tuve que reír. Una carcajada corta, seguida por otro suspiro.



- Está bien, - Admití. - Sólo un poco.



Ella suspiró también, y puso su barbilla en sus manos. Sus pensamientos mostraban decepción.



- Tú eres mil veces más adorable que las estrellas, Tanya. Por supuesto, tú ya sabes eso.



No dejes que mi obstinación te quite tu confianza. - Reí entre dientes por lo poco probable de aquello.



- No estoy acostumbrada al rechazo - Se quejó, presionando afuera su labio inferior en un atractivo puchero.



- Ciertamente no. - Estuve de acuerdo, tratando con poco éxito, bloquear sus pensamientos efímeros mientras recordaba sus centenares de conquistas acertadas.



Mayoritariamente, Tanya prefería a los hombres humanos -- ellos eran mucho más atractivos por una cosa. Tenían la ventaja de ser suaves y cálidos. Y siempre impacientes, definitivamente.



- Sucubo. - Bromée, esperando interrumpir las imágenes oscilando en su cabeza.



Hizo una mueca, mostrando sus dientes. - La original -.



Al contrario de Carlisle, Tanya y sus hermanas han descubierto sus conciencias lentamente. Al final, fue el cariño que sentían por los hombres humanos lo que las transformó en las hermanas en contra de la matanza. Ahora los hombres que amaron...vivieron.



- Cuando apareciste aquí - Tanya dijo lentamente. - Pensé que ...



Yo sabía lo que había pensado. Y debí haber adivinado que ella se sentiría de esa manera. Pero no estaba en mi mejor momento para pensar analíticamente.



- Pensaste que había cambiado de idea.-



- Sí. - Frunció el ceño.



- Me siento horrible por destruir tus expectativas, Tanya. No era mi intención---No estaba pensando. Es sólo que me fui ...digamos que arrancando.



- Y supongo que no me dirás por qué ...?



Me incorporé y envolví mis brazos alrededor de mis piernas, en defensa. - No quiero hablar de eso -.



Tanya, Irina y Kate era muy buenas en la vida que eligieron. Mejores incluso, en alguna forma, que Carlisle. A pesar de la insana proximidad que se permitían con aquellos que debían ser---y alguna vez fueron---si presa, ellas no cometían errores. Estaba demasiado avergonzado para admitir mi debilidad frente a Tanya.



- ¿Problema de faldas? - Adivinó, ignorando mi repugnancia.



Solté una carcajada triste. - No en la forma a la que te refieres -.



Estaba tranquila. Escuché sus pensamientos como si corriera por diferentes posibilidades, tratando de descifrar el significado de mis palabras.



- Ni siquiera estás cerca - Le dije.



- ¿Una pista? - Preguntó.



- Por favor Tanya, Ya déjalo -.



Estaba tranquila de nuevo, todavía especulando. La ignoré, tratando en vano de apreciar las estrellas.



Se rindió después de un silencioso momento, y sus pensamientos persiguieron una nueva dirección.



Edward, si te vas ... ¿a dónde irás? ¿De vuelta con Carlisle?



- No lo creo - Susurré.



¿A dónde iría? No podía pensar en un lugar de todo el planeta que me llamara la atención. No había nada que deseara ver o hacer. Porque, no importaba a dónde fuera, no estaría yendo a algún lugar---sólo estaría escapando de uno.



Odiaba eso. ¿Cuándo me convertí en un cobarde?



Tanya puso su brazo alrededor de mis hombros. Me tensé, pero no me escapé de su abrazo. Ella no pretendía nada más que ser amigable. Por ahora. - Creo que sí volverás - dijo, su voz con un pequeño rastro de su largo y perdido acento Ruso.



- No importa qué sea...o quién sea...lo que te atormenta. Tú lo enfrentarás. Tú eres así -.



Sus pensamientos eran seguros como sus palabras. Traté de contener la visión de mí mismo que ella guardaba en su cabeza. Alguien que enfrentaba sus problemas. Fue placentero pensar en mí de esa manera de nuevo. Nunca dudé de mi coraje, mi habilidad para enfrentar dificultades, antes de aquella horrible hora de clases de biología en el instituto hace tan poco tiempo.



La besé en la mejilla, retrocediendo rápidamente cuando ella movió su rostro hacia el mío, con sus labios maliciosos. - Gracias, Tanya. Necesitaba escuchar eso -.



Sus pensamientos se volvieron petulantes. - De nada, supongo. Desearía que fueras un poco más razonable acerca de ciertas cosas, Edward -.



- Lo siento, Tanya. Tú sabes que eres demasiado buena para mí- Yo sólo...aún no he encontrado lo que busco. -



- Bueno, si te vas antes de que te vuelva a ver...Adiós, Edward. -



- Adiós, Tanya. - Cuando dije las palabras, pude verlo. Pude verme de vuelta. Siendo lo suficientemente fuerte para volver al lugar en donde quería estar. - Gracias de nuevo. -



Se puso de pie con un ágil movimiento, y luego se alejó corriendo a través de la nieve tan rápido que sus pies no dejaron huellas. No miró atrás. Mi rechazo la molestó más de lo que demostró, incluso en sus pensamientos. No querría volver a verme antes de que me fuera.



Hice una mueca de disgusto. No me gustaba herir a Tanya, aunque sus sentimientos no eran profundos, escasamente puros, y, en cualquier caso, no los podía corresponder. Me hacía sentir poco caballeroso.



Apoyé mi barbilla en mis rodillas y fijé nuevamente mi vista en las estrellas. De pronto me sentí ansioso de comenzar mi camino de regreso. Sabía que Alice me vería llegar a casa, y se lo diría a los demás. Esto los haría feliz---a Carliste y Esme especialmente. Pero miré a las estrellas nuevamente por un momento, tratando de ver más allá del rostro en mi cabeza. Entre yo y las brillantes luces en el cielo, un par de desconcertados ojos cafés achocolatado me miraron fijamente, pareciendo preguntar lo que ésta decisión significaría para ella. Por



supuesto, no podía estar seguro si realmente era ésa la información que expresaban esos curiosos ojos. Incluso en mi imaginación, no podía escuchar sus pensamientos. Los ojos de



Bella Swan continuaron preguntando, y una descubierta vista de las estrellas continuaron eludiéndome. Con un fuerte suspiro, me dí por vencido, y me puse en camino. Si corría, estaría de vuelta al auto de Carlisle en menos de una hora...



Apurado por ver a mi familia---y deseando fervientemente ser el Edward que enfrenta sus problemas---Corrí más rápido de lo normal por el campo nevado, sin dejar huellas.





- Todo va a estar bien - Alice respiró. Sus ojos estaban desenfocados, y Jasper tenía puesta su mano ligeramente debajo del codo de Alice, guiándola hacia adelante mientras caminábamos en grupo hacia la pequeña cafetería. Rosalie y Emmett conducían el camino,



Emmett viéndose ridículo como un guardaespaldas en medio de un territorio hostil. Rose se veía cautelosa, también, pero mucho más irritada que protectora.



- Por supuesto que lo está - Me quejé. Su comportamiento era absurdo. Si no estuviera seguro de que podía manejar esta situación, me hubiera quedado en casa.



El cambio repentino de nuestra normal mañana, incluso juguetona---había nevado en la noche, y Emmett y Jasper estaban tomando ventaja de mi distracción para bombardearme con bolas de nieve; cuando se aburrieron con mi falta de entusiasmo, comenzaron a lanzárselas entre ellos---esta vigilancia exagerada hubiera sido cómica, si no fuera tan irritante.



- Ella aún no está aquí, pero por donde vendrá...no estará a favor del viento si nos sentamos en nuestro lugar de siempre -



- Por supuesto que nos sentaremos en nuestro lugar de siempre. Ya para, Alice. Me estás sacando de mis casillas. Estaré absolutamente bien. -



Le guiñó un ojo a Jasper mientras éste la ayudaba a sentarse, y sus ojos finalmente se enfocaron en mi rostro.



- Hmm - Dijo, casi sorprendida. - Creo que tienes razón. -



- Por supuesto que la tengo - Murmuré.



Odiaba ser el centro de su atención. Sentí una repentina simpatía por Jasper, recordando todas las veces que lo sobreprotegimos. Jasper me miró brevemente, e hizo una mueca.



Molesta, ¿verdad?



Le hice una mueca.



¿Sólo había sido la semana pasada, en que esta larga, monótona habitación me había parecido tortuosamente opaca? ¿Cuando me pareció que estaba en coma, al estar aquí?



Hoy mis músculos y nervios estaban estirados y tensos---como cuerdas de piano, tensionadas para sonar a la presión más ligera. Mis sentidos estaban híper-alertas; Escanée cada sonido, cada suspiro, cada movimiento del aire que tocó mi piel, cada pensamiento.



Especialmente los pensamientos. Sólo uno de mis sentidos lo mantuve bloqueado, rechazando usarlo. El olfato, por supuesto. No respiré.



Estaba esperando oír más acerca de los Cullens en todos esos pensamientos. Esperé todo el día, buscando cualquier nuevo conocido en el que Bella Swan hubiera confiado, tratando de ver qué dirección había tomado el nuevo chisme. Pero no había nada. Nadie notó a los cinco vampiros en la cafetería, como siempre antes de que llegara la nueva chica. Varios de los humanos aquí aún pensaban en ella, lo mismo de la semana pasada. En vez de encontrar esto



absolutamente aburrido, ahora estaba fascinado.



¿Acaso ella no le había dicho nada a nadie sobre mí?



No hay manera de que no haya notando mi negra y asesina mirada. La había visto reaccionar. Seguramente, la asusté tontamente. Estaba convencido de que le diría a alguien, tal vez incluso exagerado la historia un poco para hacerla más interesante. Dándome algunas líneas amenazadoras.



Y entonces, ella también me escuchó tratando de cambiar la clase de biología que compartíamos. Debe haberse preguntado, después de ver mi expresión, si ella era la causa.



Una chica normal hubiera averiguado, comparado su experiencia con otros, buscando historias comunes que explicaran mi comportamiento para no sentirse discriminada. Los humanos constantemente se desesperaban por sentirse normales, para encajar. Para mezclarse con todos los demás, como un rebaño de ovejas sin rasgo distintivo. Esta chica no sería la excepción a esa regla.



Pero nadie notó que estábamos sentados aquí, en nuestra mesa de siempre. Bella debe ser excepcionalmente tímida, si no confió en nadie. Tal vez habló con su padre, quizás esa es la relación más fuerte que tiene...aunque eso parece improbable, dado el hecho de que pasó muy poco tiempo con él en el transcurso de su vida. Sería más cercana a su madre. De todas maneras, tendré que pasar por la casa del Jefe Swan algún día pronto y escuchar qué está pensando.



- ¿Algo nuevo? - Me preguntó Jasper.



- Nada. Ella...creo que no dijo nada.



Todos levantaron una ceja a este hecho.



- Tal vez no eres tan terrorífico como crees que eres - Dijo Emmett, riendo entre dientes.



- Apuesto a que pude haberla asustado mucho mejor que eso. -



Entorné mis ojos hacia él.



- Me pregunto... - Jasper estaba desconcertado con mi revelación del silencio único de la chica.



- Ya lo hemos debatido. No lo sé.



- Ahí viene. - Alice murmuró. Sentí cómo mi cuerpo se ponía rígido. - Traten de parecer humanos.



- ¿Humanos dices? - Preguntó Emmett.



Levantó su puño derecho, moviendo sus dedos para revelar la bola de nieve que había guardado en su palma. Por supuesto no se había derretido. La apretó formando un abultado cubo de hielo. Tenía sus ojos puestos en Jasper, pero ví la dirección de sus pensamientos. Y



Alice también, por supuesto. Cuando él, abruptamente le lanzó, el pedazo de hielo, ella lo hizo



a un lado con un casual alboroto de sus dedos. El hielo rebotó a lo largo de la cafetería, demasiado rápido para ser visible al ojo humano, y se rompió con un sostenido golpe contra la muralla de ladrillo. El muro también se rompió.



Todas las cabezas de esa esquina de la cafetería se voltearon para ver a la pila de hielo roto en el piso, y luego giraron de un lado a otro buscando al culpable. No miraron mas lejos que unas pocas mesas de distancia.. Nadie nos miró.



- Muy humano, Emmett - Dijo Rosalie con un tono mordaz. - ¿Por qué no aprovechas de atravesar el muro?



- Sería mucho más impresionante si tú lo hicieras, cielo.



Traté de ponerles atención, manteniendo mi rostro en una mueca como si formara parte de su jugarreta. No me permití mirar hacia la línea en donde sabía que estaba ella. Pero eso era todo lo que oía.



Podía escuchar la impaciencia de Jessica con la nueva chica, quien parecía estar distraída, también, inmóvil en su lugar. Ví, en los pensamientos de Jessica, que las mejillas de Bella



Swan estaban tornándose de un brillante color rosa por efecto de la sangre.



Volteé respirando cuidadosamente, preparado para dejar de hacerlo por si un poco de su esencia llegaba con el aire cerca de mí.



Mike Newton estaba con ellas dos. Escuché sus dos voces, verbal y mental, cuando le preguntó a Jessica qué le pasaba a la chica Swan. No me gustó la forma en que sus pensamientos se envolvían en torno a ella, el parpadeo de una ya establecida fantasía nublaba



su mente mientras la miraba despertar de su ensueño como si hubiese olvidado que estaba ahí.



- Nada - Escuché que Bella dijo en una tranquila y clara voz. Parecía el sonar de una campana sobre el balbuceo en la cafetería, pero sabía que eso era así sólo porque estaba escuchando con demasiada atención.



- Hoy sólo quiero un refresco - Continuó moviéndose para avanzar en la fila. No pude evitar lanzar una mirada en su dirección. Ella estaba mirando al piso, la sangre lentamente se desvanecía de su rostro. Rápidamente cambié la dirección de mi mirada, a Emmett, quien se reía a la sonrisa de dolor que había en mi rostro.



Te ves enfermo, hermano.



Cambié mi expresión para que se viera casual y no forzada. Jessica se estaba



preguntando en voz alta sobre la falta de apetito de la chica. - ¿Es que no tienes hambre? - preguntó. - La verdad es que estoy un poco mareada - Su voz era aún más baja, pero todavía muy clara. ¿Por qué me incomodó, la repentina preocupación que emanó de los pensamientos de Mike Newton? ¿Qué importaba si era una posesión para ellos? No era asunto mío si Mike



Newton se sentía innecesariamente ansioso por ella. Quizás esta es la forma en que todos reaccionan a ella. ¿Acaso no había querido, instintivamente, protegerla también? Antes de que quisiera matarla, la verdad...



¿Pero estaba realmente enferma?



Era difícil saberlo---se veía tan delicada con su piel translúcida...Entonces me di cuenta de que yo también me estaba preocupando, tal como ese estúpido niño, así que me obligué a mi mismo a no pensar en su salud.



De todas maneras, no me gustaba monitorearla desde los pensamientos de Mike. Cambié a los de Jessica, mirando cuidadosamente cómo ellos tres escogían una mesa para sentarse.



Afortunadamente, se sentaron con los usuales compañeros de Jessica, en una de las primeras mesas de la cafetería. Sin viento a favor, tal y como Alice había prometido.



Alice me dió un codazo, Ella va a mirar hacía acá pronto, actúa humano.



Apreté los dientes detrás de una mueca.



- Tranquilízate, Edward - Me dijo Emmett. - Honestamente. Así que matas un humano.



Eso difícilmente puede ser el fin del mundo.



- Tu sabrías. - Murmuré.



Emmett soltó una carcajada. - Tienes que aprender a superar las cosas. Como yo. La eternidad es un largo tiempo como para pasarlo con culpa. -



Justo entonces, Alice lanzó un pequeño puñado de hielo que había estado escondiendo, en el inesperado rostro de Emmett. Éste parpadeó, sorprendido, y luego hizo una mueca.



- Tú te lo buscaste - dijo mientras se inclinaba en la mesa y sacudía los cristales encrustados en su pelo en dirección a Alice. La nieve, derritiéndose en el cálido lugar, voló desde su pelo en una gruesa lluvia de, mitad líquido, mitad hielo.



- ¡Eww! - Rosalie se quejó, mientras ella y Alice se alejaban del diluvio.



Alicé se rió, y todos la copiamos. Podía ver en la cabeza de Alice cómo ella había orquestado este perfecto momento, y yo sabía que la chica---Debería parar de pensar en ella de esa forma, como si fuera la única chica en el mundo---que Bella estaría mirándonos jugar y reír, viéndonos tan felices y humanos y poco reales como una pintura de Normal Rockwell.



Alice continuó riendo, y luego tomó su bandeja y la usó como protección. La chica---



Bella debe estar mirándonos aún.



...mirando a los Cullens de nuevo, alguien pensó, captando mi atención.



Miré automáticamente hacia la in intencional llamada, dándome cuenta mientras mis ojos encontraban su destino, que reconocía esa voz---Había estado escuchándola todo el día.



Pero mis ojos pasaron de largo a Jessica, enfocándose en la penetrante mirada de la chica.



Rápidamente miró hacia abajo, escondiéndose detrás de su denso cabello.



¿Qué estaba pensando? Con el paso del tiempo la frustración parecía estar poniéndose cada vez más aguda, en vez de aliviada. Traté---seguro de que lo que estaba haciendo nunca lo intenté antes---de probar una vez más entrar en su mente. Mi don siempre venía a mi naturalmente, sin pedirlo; nunca tuve que esforzarme para lograrlo. Pero ahora me concentré, tratando de pasar a través de lo que fuera que tenía a su alrededor.



Nada más que silencio.



¿Qué tiene ella de especial? Pensó Jessica, produciendo eco a mi propia frustración.



- Edward Cullen te está mirando - susurró en el oído de la chica Swan, con una risita. No había ningún signo de celosa irritación en su tono de voz. Jessica parecía tener habilidades para fingir amistad.



Escuché, absorto, la respuesta de la chica.



- No parece enojado, ¿verdad? - ella le susurró a Jessica.



Así que, sí había notado mi reacción salvaje de la semana pasada. Por supuesto que lo hizo.



La pregunta confundió a Jessica. Vi mi propio rostro en sus pensamientos mientras inspeccionaba mi expresión, pero no la miré. Aún estaba concentrado en la chica, tratando de escuchar algo. Mi intensa concentración no parecía estar ayudando en nada.



- No. - Le dijo Jess, y yo sabía que deseaba haber podido decir que sí---debió haberle dolido la forma en que la miraba---sin embargo no había rastro de dolor en su voz. - ¿Debería estarlo? -



- Creo que no soy de su agrado - la chica susurró de vuelta, apoyando su cabeza en su brazo como si estuviera repentinamente cansada. Traté de comprender la expresión, pero sólo pude suponer. Tal vez sí estaba cansada.



- A los Cullens no les gusta nadie - Jess le aseguró. - Bueno, tampoco se fijan en nadie lo bastante para que les guste. - Nunca lo hacen. Su pensamiento fue una queja. - Pero te sigue mirando. -



- No le mires - dijo la chica ansiosamente, elevando su cabeza para asegurarse de que



Jessica había obedecido la orden.



Jessica rió nerviosamente, pero obedeció.



La chica no miró otra cosa aparte de la mesa por el resto de la hora. Pensé---aunque, por supuesto, no podía estar seguro---que lo hizo a propósito. Parecía como si ella quisiera mirarme. Su cuerpo giró suavemente en mi dirección, su barbilla comenzó a girar, luego se detuvo, respiró profundo, y miró fijamente a quien quiera que le estaba hablando.



Ignoré la mayor parte de los otros pensamientos alrededor de la chica, como si no fueran, momentariamente, acerca de ella. Mike Newton estaba planeando una pelea de nieve en el aparcamiento para después de clases, sin darse cuenta de que ya había comenzado a llover. El alboroto de los suaves copos de nieve contra el techo se había convertido en más comunes golpeteos de gotas. ¿De verdad él no podía oír eso? A mi me parecía bastante ruidoso.



Cuando terminó la hora del almuerzo, permanecí en mi asiento. Los humanos formaron filas para salir, y yo traté de distinguir el sonido de sus pisadas de entre los demás, como si hubiera algo importante o inusual en ellas. Qué estúpido.



Mi familia no hizo movimiento alguno para salir. Esperaron a ver qué haría yo.



¿Iría a clases, me sentaría a su lado donde podría oler la absurdamente potente esencia de su sangre y sentir el calor de su pulso en el aire, en mi piel? ¿Era lo suficientemente fuerte para eso? ¿O había tenido suficiente por este día?



- Creo...que estará todo bien. - Dijo Alice, vacilante. - Tu mente está decidida.



Creo que lograrás pasar de esta hora.-



Pero Alice sabía bien cuán rápido podía cambiar la mente.



- ¿Por qué forzarte, Edward? - Preguntó Jasper. Aunque el no quería sentirse satisfecho por el hecho de que era yo el débil ahora, podía escuchar eso, sólo un poco. - Ve a casa, tómalo con calma. -



- ¿Cuál es el gran problema? - Emmett discrepó. - Si la mata o no la mata tendrá que superarlo de todas formas. -



- No me quiero mudar aún - Se quejó Rosalie. - No quiero empezar todo de nuevo. Ya casi terminamos el instituto, Emmett. Finalmente. -



Yo me debatía en la decisión. Quería, quería gravemente, enfrentar esto en vez de salir corriendo otra vez. Pero no me quería arriesgar mucho, tampoco. Jasper había cometido un error la semana pasada al pasar tanto tiempo sin cazar; ¿Esto fue solo un insustancial error?



No quería desarraigar a mi familia. Ninguno de ellos me lo agradecería. Pero quería ir a mi clase de Biología. Me di cuenta de que quería ver su rostro otra vez.



Eso era lo que decidía por mi. Esa curiosidad. Estaba enojado conmigo mismo por sentirla. ¿Acaso no me había prometido que no dejaría que el silencio de la mente de la chica me haría sentir indebidamente interesado en ella? Y aún así, aquí estaba, mucho más que indebidamente interesado.



Quería saber qué estaba pensando. Su mente estaba cerrada, pero sus ojos muy abiertos. Quizás podría leerlos en vez de a su mente.



- No, Rose, creo que de verdad estará bien. - Dijo Alice. - Se está...poniendo muy firme.



Estoy un noventa y tres por ciento segura que nada malo va a pasar si él va a clases. – Me miró inquisitivamente, preguntándose qué había cambiado en mis pensamientos que había hecho su visión del futuro más segura.



¿Sería suficiente la curiosidad para mantener viva a Bella Swan?



Emmett tenía razón.---¿Por qué no seguir con esto? Enfrentaría la tentación cara a cara.



- Vayan a clases. - Ordené, alejándome de la mesa. Me giré y me alejé a trancos sin mirar atrás. Podía oír la preocupación de Alice, la censura de Jasper, la aprobación de Emmett



y la irritación de Rosalie, arrastrándose detrás de mí.



Respiré profundo una vez más en la puerta de la sala de clases, y luego sostuve la respiración al caminar dentro del pequeño, cálido espacio.



No estaba atrasado. El Sr. Banner aún estaba preparando el laboratorio de hoy. La chica estaba sentada en mi---en nuestra mesa, con su rostro agachado de nuevo, mirando la carpeta en la que estaba garabateando. Examiné el bosquejo mientras me acercaba, interesado incluso en esta trivial creación de su mente, pero fue en vano. Sólo unos diseños al azar de círculos encima de más círculos. Quizás no se estaba concentrando en el modelo, pero



¿pensando en algo más?



Moví mi silla hacia atrás con innecesaria aspereza, arrastrándola a través del linóleo; los humanos siempre se sienten más cómodos cuando el ruido anuncia que alguien se acerca.



Sabía que ella oiría el sonido; no levantó la vista, pero su mano se distrajo y se salió del esquema que estaba dibujando, dejándolo desequilibrado.



¿Por qué no levantó la vista? Probablemente estaba asustada. Debía asegurarme de dejarla con una diferente impresión esta vez. Hacerla pensar que se había imaginado todo.



- Hola - Dije con aquella voz tranquila que utilizaba cuando quería hacer sentir cómodo a alguien, formando una cortés sonrisa con mis labios de forma que no mostrara ningún diente.



Entonces levantó la mirada, sus grandes ojos marrones lucían asustados---casi



desconcertados---y llenos de silenciosas preguntas. Era la misma expresión que había estado obstruyendo mi visión la semana pasada.



Mientras miraba dentro de esos extrañados y profundos ojos marrones, me dí cuenta que el odio---el odio que imaginé merecía esta chica sólo por el hecho de existir---se había evaporado. Sin respirar, sin sentir su esencia, era difícil creer que alguien tan vulnerable pudiera proyectar tanto odio.



Sus mejillas comenzaron a ruborizarse, y no dijo nada.



Le sostuve la mirada, enfocándome sólo en sus profundas dudas, y traté de ignorar el apetitoso color de su piel. Tenía suficiente aire para hablar por un rato sin inhalar.



- Me llamo Edward Cullen - Dije, aunque sabía que ella ya sabía eso. Era la forma mas cortés de continuar. - No tuve la oportunidad de presentarme la semana pasada. Tú debes ser



Bella Swan. -



Parecía confusa---ahí estaba ese pequeño fruncimiento de ceño entre sus ojos de nuevo.



Le tomó medio segundo más de lo normal en responder.



- ¿Cómo sabes mi nombre? - Preguntó y su voz tartamudeó un poco.



Debo haberla aterrorizado. Eso me hizo sentir culpable; era tan indefensa. Me reí amablemente---fue un sonido que sabía la haría sentir más cómoda. De nuevo, tuve cuidado con mis dientes.



- Creo que todo el mundo sabe tu nombre. - Seguramente se había dado cuenta que se había convertido en el centro de atención de este monótono lugar. - El pueblo entero te esperaba. -



Frunció el ceño como si esta información fuera desagradable. Supongo, que siendo tímida como ella parecía ser, demasiada atención sería algo malo para ella. La mayoría de los humanos sentían todo lo contrario. Aunque ellos no querían permanecer fuera de la manada, al mismo tiempo en que anhelaban proyectar su individual uniformidad.



- No - Dijo. - Me refería a que me llamaste Bella. -



- ¿Prefieres Isabella? - Pregunté, perplejo por el hecho de que no podía ver a dónde quería ir con esta pregunta. No entendía. Seguramente, había dejado clara su preferencia muchas veces su primer día aquí. ¿Todos los humanos eran tan incomprensibles sin el contexto mental como guía?.



- No, me gusta Bella. - Respondió, ladeando su cabeza un poco hacia el lado. Su expresión---si estuviera leyéndola correctamente---se estaba debatiendo entre la vergüenza y la confusión. - Pero creo que Charlie, quiero decir, mi padre, debe de llamarme Isabella a mis espaldas, porque todos me llaman Isabella. - Su piel se oscureció en un rosado intenso.



- Oh - Dije lastimosamente, y rápidamente desvié mi mirada de su rostro.



Entonces me dí cuenta de lo que significaban sus preguntas: Había fallado---cometí un error. Si no hubiera estado tan atento escuchando detrás de las cabezas de todos el primer día en que ella apareció, la hubiera llamado por su nombre completo, como todos los demás. Ella notó la diferencia.



Sentí una punzada de inquietud. Fue muy fácil para ella darse cuenta de mi error. Algo astuta, especialmente para alguien que supuestamente estaba aterrorizada por mi proximidad.



Pero tenía mayores problemas que cualquier sospecha que pudiera tener sobre mi, en su cabeza.



Me faltaba el aire. Si le iba a hablar de nuevo, tendría que inhalar. Sería difícil evitar hablar. Desafortunadamente para ella, compartir esta mesa conmigo la hizo mi compañera de laboratorio, y hoy tendríamos que trabajar juntos. Sería incómodo---e incomprensiblemente grosero de mi parte---ignorarla mientras trabajábamos. Sería más sospechoso y la asustaría más aún.



Me alejé de ella lo más que pude sin mover mi silla, girando mi cabeza afuera hacia el pasillo. Me apoyé, congelando mis músculos en su lugar, y entonces absorbí una rápida bocanada de aire, respirando solamente por la boca.



¡Ahh!



Fué verdaderamente doloroso. Incluso sin olerla, podía sentir su sabor en mi lengua. Mi garganta estaba repentinamente en llamas de nuevo, anhelando absolutamente cada parte de ella tan fuertemente como el primer momento en que capté su esencia, la semana pasada.



Cerré fuertemente mis dientes y traté de recomponerme.



- Empezad - Ordenó el Sr. Banner.



Se sintió como si hubiera puesto en práctica todo mi autocontrol que había guardado en setenta años para volver a mirarla, quien estaba mirando la mesa de nuevo, y sonreír.



- ¿Las damas primero, compañera? - Le ofrecí.



Levantó la mirada a mi expresión y su rostro quedó en blanco, sus ojos se abrieron.



¿Había algo malo en mi expresión? ¿Estaba asustada de nuevo? Ni siquiera habló.



- Puedo empezar yo si lo deseas. - Dije tranquilamente.



- No. - Me dijo, y su rostro pasó del blanco al rojo nuevamente. - Yo lo hago. -



Me quedé mirando el equipo en la mesa, el estropeado microscopio, la caja con las diapositivas, en vez de mirar la sangre arremolinarse bajo su clara piel. Tomé otro rápido respiro, entre mis dientes, e hice una mueca de dolor mientras su sabor me quemaba la garganta.



- Profase. - Dijo rápidamente después de una rápida examinada. Comenzó a remover la diapositiva, aunque apenas la había mirado.



- ¿Te importa si lo miro? - Instintivamente---estúpidamente, como si yo fuera uno de los de su especie---alcancé su mano para detenerla de remover la diapositiva. Por un segundo, el calor de su piel quemó la mía. Fué como una corriente eléctrica---obviamente mucho más caliente que unos pocos grados, noventa y ocho punto seis aproximadamente. El calor pegó en mi mano y luego subió por mi brazo. Ella alejó su mano de la mía.



- Lo siento. - Murmuré entre dientes. Necesitaba algo qué mirar, así que agarré el microscopio y miré rápidamente por el lente. Ella tenía razón.



- Profase. - Asentí.



Todavía estaba muy incómodo como para mirarla. Respirando lo más tranquilamente como me era posible por entre mis dientes y tratando de ignorar la ardiente sed, me concentré en la simple tarea, escribiendo las palabras en la línea apropiada en la hoja, y luego cambiando la primera diapositiva por la segunda.



¿Qué estaría pensando ahora? ¿Qué habrá sentido ella, cuando le toqué la mano? Mi piel debió sentirse fría como el hielo---repulsiva. Con razón estaba tan callada.



Miré la diapositiva.



- Anafase. - Me dije a mi mismo mientras escribía en la segunda línea.



- ¿Puedo? - Preguntó.



La miré, sorprendido de ver que ella estaba esperando expectante, con una mano medio inclinada hacia el microscopio. No se veía asustada. ¿Realmente creía que había respondido mal?



No pude evitar sonreír a la esperanzada mirada en su rostro mientras deslizaba el microscopio hacia ella.



Ella miró por el lente con una impaciencia que pronto se desvaneció. Las esquinas de su boca se inclinaron hacia abajo.



- ¿Me pasas la diapositiva número tres? - Preguntó, manteniendo la vista en el



microscopio, pero sosteniendo una mano hacia afuera. Dejé caer la próxima diapositiva en su mano, procurando que mi piel no fuera a tocar la de ella. Sentarme a su lado fue como sentarme al lado de una estufa. Me podía sentir a mi mismo entibiándome levemente a una temperatura más alta.



No miró mucho tiempo la diapositiva. - Interfase - Dijo en un tono despreocupado--- quizás esforzándose un poco en tratar de sonar así---y empujó el microscopio hacía mí. Ella no tocó el papel, sino que esperó a que yo escribiera la respuesta. Revisé la diapositiva y ella estaba en lo correcto, de nuevo.



Y así terminamos la tarea, hablando una palabra a la vez y sin mirarnos en ningún momento. Éramos los únicos que habíamos terminado---los demás estaban teniendo serios problemas con la tarea. Mike Newton parecía tener problemas concentrándose---estaba tratando de mirar qué hacíamos Bella y yo.



Desearía que se hubiera quedado a donde quiera que fue, pensó Mike, dirigiendo hacia mí una mirada furiosa. Hmm, interesante. No me había dado cuenta que este chico había comenzado a guardarme cierto rencor. Y aún más interesante, encontré---para mi sorpresa--- que el sentimiento era mutuo.



Miré nuevamente a la chica, desconcertado por la amplia gama de estrago y agitación que, a pesar de ser tan común y de una apariencia poco amenazadora, ella estaba causando en mi vida.



Tampoco era que yo no pudiera ver a qué se refería Mike. En verdad ella era algo bonita...en una forma inusual. Mejor que ser bella, su rostro era interesante. No absolutamente simétrico---su delgada barbilla fuera de balance con sus anchos pómulos; incluso en el color---la luz y la sombra contrastaban en su rostro y su cabello; y sus ojos, rebosantes de silenciosos secretos...



Ojos que repentinamente se clavaron en los míos.



La miré fijamente, tratando de adivinar al menos un secreto.



- ¿Acabas de ponerte lentillas? - Me preguntó abruptamente.



Que pregunta más extraña. - No - Casi sonreí a la idea de mejorar mi vista.



- Oh. - Musitó. - Te veo los ojos distintos. -



Me sentí extrañamente helado de nuevo al darme cuenta de que aparentemente no era el único tratando de averiguar secretos el día de hoy.



Me encogí, mis hombros se enderezaron, y miré adelante en donde el profesor estaba haciendo sus rondas.



Por supuesto que había algo diferente en mis ojos desde la última vez que ella los vio. Al prepararme para esta dura prueba, para esta tentación, pasé todo el fin de semana cazando, saciando mi sed todo lo posible, exagerando en realidad. Me harté de sangre de animales, no es que hiciera mucha diferencia en el indignante sabor flotando a su alrededor. La última vez que la miré mi ojos estaban negros por la sed. Ahora, con mi cuerpo satisfecho de sangre, mis



ojos eran de un cálido dorado. Ambar claro con mi excesiva tentativa para apagar mi sed.



Otro error. Si hubiera sabido a lo que se refería con su pregunta, le hubiera dicho que sí.



Me he sentado entre humanos por dos años en este instituto, y ella ha sido la primera en examinarme lo bastante cerca para darse cuenta del color de mis ojos. Los demás, mientras admiraban la belleza de mi familia, tienden a mirar hacia otro lado rápidamente en cuanto los miraba. Ellos se alejaban, bloqueando los detalles de nuestra apariencia con un instintivo esfuerzo por mantenerse fuera de tratar de entender. Ignorancia era la dicha de la mente humana.



¿Por qué tenía que ser justamente ella la que se diera cuenta?



El Sr. Banner se acercó a nuestra mesa. Agradecido inhalé la brisa de aire limpio que trajo con él antes de que se mezclara con su esencia.



- En fin, Edward - dijo, mirando nuestras respuestas, - ¿No crees que deberías dejar que



Isabella también mirase por el microscopio? -



- Bella - Lo corregí automáticamente. - En realidad, ella identificó tres de las diapositivas.



Los pensamientos del Sr. Banner eran escépticos mientras se giraba para mirar a la chica.



- ¿Has hecho antes esta práctica de laboratorio? -



La observé, absorto, mientras ella sonreía, luciendo algo avergonzada.



- Con la raíz de una cebolla, no.



- ¿Con una blástula de pescado blanco? - Preguntó el Sr. Banner.



- Sí.



Esto lo sorprendió. El laboratorio de hoy era algo que había planeado para un curso más avanzado. El cabeceó cuidadosamente. - ¿Estabas en un curso avanzado en Phoenix?. -



- Sí. -



Entonces, ella estaba avanzada, inteligente para un humano. Esto no me sorprendió.



- Bueno - El Sr. Banner dijo después de una pausa. - Supongo que es bueno que ambos seáis compañeros de laboratorio - Giró y se alejó de nosotros murmurando, - Así los otros chicos tienen la oportunidad de aprender algo por sus propios medios. - casi en un susurro.



Dudo mucho que la chica lograra oír algo. Ella comenzó a garabatear círculos en su carpeta de nuevo.



Dos fallas en media hora. Una mala impresión de mi persona. Aunque no tenía idea de lo que ella pensaba de mí---¿qué tan asustada estaba, qué era lo que sospechaba?---sabía que necesitaba un mayor esfuerzo para dejarla con una nueva y mejor impresión de mí. Algo para borrar de su memoria nuestro feroz último encuentro.



- Es una lástima, lo de la nieve, ¿no? - Dije, repitiendo la pequeña conversación que había oído a una docena de estudiantes hoy. Una aburrida, típica conversación. El clima--- siempre seguro.



Ella me miró con una obvia duda en sus ojos---una reacción anormal a mis normales palabras. - En realidad, no - me dijo, sorprendiéndome de nuevo.



Traté de guiar la conversación de vuelta a unos campos más seguros. Ella venía de un lugar mucho más brillante y cálido---su piel parecía reflejar todo eso de alguna manera, a pesar de su imparcialidad---y el frío debe incomodarle. Mi helado contacto seguramente lo hizo...



- A ti no te gusta el frío - Adiviné.



- Tampoco la humedad - Asintió.



- Para ti, debe de ser difícil vivir en Forks. - Quizás no debiste haber venido aquí, quise agregar. Quizás debieras volver a donde perteneces.



En todo caso, no estaba seguro de que fuera eso lo que yo quería. Siempre recordaría la esencia de su sangre---¿había alguna garantía de que eventualmente no la seguiría? Además,



si ella se fuera, su mente sería por siempre un misterio para mí. Un constante, persistente rompecabezas.



- Ni te lo imaginas. - dijo en una baja voz, frunciendo un poco el ceño.



Sus respuestas nunca eran lo que yo esperaba. Me hacían querer preguntar más cosas.



- En tal caso, ¿por qué viniste aquí? - Pregunté, notando instantáneamente que el tono de mi voz era algo acusador, no tan casual para una conversación. La pregunta sonó descortés, entrometida.



- Es...complicado. -



Ella parpadeó, dejando la conversación inconclusa, y yo casi exploté de la curiosidad---la curiosidad quemaba tanto como la sed en mi garganta. En realidad, noté que se estaba haciendo mucho más fácil respirar; la agonía se había convertido en algo mucho más familiar.



- Creo que voy a poder seguirte. - Insistí. Quizás una común cortesía la mantendría respondiendo mis preguntas mientras yo no fuera demasiado grosero al preguntarlas.



Ella miraba sus manos silenciosamente. Esto me hizo sentir impaciente; quería poner mi mano debajo de su barbilla y obligarla a mirarme para así poder leer sus ojos. Pero sería estúpido de mi parte---peligroso---tocar su piel otra vez.



Repentinamente levantó la vista. Fue un alivio poder ver las emociones en sus ojos de nuevo. Habló muy rápido, se le confundían las palabras.



- Mi madre se ha casado. -



Ah, esto era lo suficientemente humano para poder entenderlo. La tristeza pasó por sus claros ojos y trajo de vuelta el ceño fruncido.



- No me parece tan complicado - Discrepé. Mi voz sonó gentil sin esforzarme para que así fuera. Su tristeza me hacía sentir extrañamente desamparado, deseando poder hacerla sentir mejor. Un impulso extraño. - ¿Cuándo ha sucedido eso? -



- El pasado mes de Septiembre - Dijo con un suspiro. Contuve la respiración mientras su cálido aliento rozaba mi rostro.



- Pero él no te gusta. - Supuse, tratando de conseguir más información.



- No, Phil es un buen tipo. - dijo, corrigiendo mi suposición. Había un rastro de una sonrisa alrededor de sus labios. - Demasiado joven, quizá, pero amable. -



Esto no encajaba en el escenario que había estado construyendo en mi cabeza.



- ¿Por qué no te quedaste con ellos? - Pregunté, mi voz sonó demasiado curiosa. Sonó como si estuviera siendo entrometido. Aunque debo admitir que lo era.



- Phil viaja mucho. Es jugador de béisbol profesional. - La pequeña sonrisa se hizo más pronunciada; la elección de esta carrera parecía ser divertida para ella.



Yo también sonreí, sin pensarlo. No estaba tratando de hacerla sentir mejor. Su sonrisa sólo me hizo sonreír en respuesta---para unirme a su secreto.



- ¿Debería sonarme su nombre? - Recorrí todos las listas de jugadores profesionales en mi cabeza, preguntándome cual de todos era su Phil...



- Probablemente no. No juega bien. - Otra sonrisa. - Sólo compite en la liga menor. Pasa mucho tiempo fuera. -



Las listas en mi cabeza se desvanecieron instantáneamente, y tabulé una lista de posibilidades en menos de un segundo. Al mismo tiempo, me estaba imaginando un nuevo escenario.



- Y tu madre te envió aquí para poder viajar con él. - Dije. Al hacer suposiciones parecía conseguir más información que al hacer preguntas. Funcionó de nuevo. Su barbilla sobresalió, y su expresión de pronto se tornó obstinada.



- No, no me envió aquí. - Dijo, y su voz tenía una nueva y fuerte protección. Mi



suposición la había molestado, sólo que no podía ver cómo. - Fue cosa mía. -



No podía adivinar a qué se refería, o la fuente de su despecho. Estaba totalmente perdido.



Así que me rendí. Ella simplemente no tenía sentido. Ella no era como otros humanos. Tal vez el silencio de sus pensamientos y el perfume de su esencia no eran la única cosa inusual en ella.



- No lo entiendo. - Admití, odiando tener que rendirme.



Ella suspiró, y me sostuvo la mirada por mucho más tiempo que la mayoría de los humanos normales podían soportar.



- Al principio, mamá se quedaba conmigo, pero le echaba mucho de menos. – explicó lentamente, su tono se iba volviendo más desesperado con cada palabra. - La separación la hacía desdichada, por lo que decidí que había llegado el momento de venir a vivir con Charlie.



-El pequeño fruncimiento de su ceño se profundizó.



- Pero ahora, tu eres desgraciada. - Murmuré. No podía parar de hablar de mis hipótesis, esperando aprender más de sus reacciones. Esta, sin embargo, no parecía muy lejana de reconocer.



- ¿Y? - dijo, como si esto no fuera un aspecto que debiera considerarse.



Continué mirándola, sintiendo que finalmente había obtenido mi primera ojeada real dentro de su alma. Ví en esa sola palabra dónde se estaba ubicando a ella misma entre sus propias prioridades. Al contrario de la mayoría, sus propias necesidades estaban al final de la lista.



Ella estaba lejos de ser egoísta.



Mientras veía esto, el misterio de la persona escondida dentro de esta silenciosa mente comenzó a aclararse un poco.



- No parece demasiado justo. - Le dije. Me encogí, tratando de parecer casual, tratando de encubrir la intensidad de mi curiosidad.



Ella se rió, pero no había alegría en aquél sonido. - ¿Es que no te lo ha dicho nadie? La vida no es justa.



Quería reírme a sus palabras, pero yo tampoco sentía alegría. Sabía un poco sobre la injusticia de la vida. - Creo haberlo oído antes. -



Me miró, pareciendo confusa de nuevo. Sus ojos oscilaron lejos y luego volvieron a mirarme.



- Bueno, eso es todo. - me dijo.



Pero no estaba listo para dejar que esta conversación terminara. La pequeña V entre sus ojos, un resto de su tristeza, me molestó. Quería alisarlo con mis dedos. Pero, por supuesto, no podía tocarla. Era inseguro en tantas maneras.



- Das el pego, - hablé lentamente, todavía considerando esta próxima hipótesis. – pero apostaría a que sufres más de lo que aparentas.



Hizo una mueca, sus ojos se achicaron y su boca se dobló formando un puchero, y luego desvió la vista hacia el frente de la clase. No le gustaba cuando adivinaba correctamente. Ella no era el mártir promedio---no quería una audiencia a su dolor.



- ¿Me equivoco? -



Se estremeció levemente, pretendiendo ignorarme.



Eso me hizo sonreír. - Creo que no. -



- ¿Y a ti qué te importa? - exigió, aún mirando hacia adelante.



- Muy buena pregunta. - Admití, más a mi mismo que respondiéndole.



Su perspicacia era mejor que la mía---ella fue directo al grano mientras yo me andaba en rodeos, caminando como un ciego buscando pistas. Los detalles de su muy humana vida no debían importarme. Era un error preocuparme de qué pensaba. Mas allá de proteger a mi familia de la sospecha, los pensamientos humanos no significaban nada.



No estaba acostumbrado a ser el menos intuitivo. Confiaba demasiado en mi don--- claramente no era tan perceptivo como pensaba.



La chica suspiró y lanzó una mirada fulminante hacia el frente de la clase. Había algo gracioso en su expresión frustrada. Toda la situación, toda la conversación era graciosa. Nunca nadie había estado tan cerca del peligro como esta pequeña niña---en cualquier momento podría distraerme por mi ridícula absorción en la conversación, inhalar por mi nariz y atacarla antes de que me pudiera detener---y ella estaba irritada porque no le había respondido a su pregunta.



- ¿Te molesto? - pregunté, sonriendo a lo absurdo de la situación.



Me miró rápidamente, y sus ojos parecieron estar atrapados bajo mi mirada.



- No exactamente, - me dijo. - Estoy más molesta conmigo. Es fácil ver lo que pienso. Mi madre me dice que soy un libro abierto. -



Se encogió, contrariada.



La miré asombrado. La razón por la que ella estaba molesta era porque creía que podía ver a través de ella demasiado fácil. Qué irónico. Nunca me había esforzado tanto por entender a alguien en toda mi vida---o mejor dicho, mi existencia, porque vida difícilmente era la palabra correcta.



Yo en realidad no tenía una vida.



- Nada de eso. - Discrepé, sintiéndome extrañamente...cuidadoso, como si hubiera algún peligro escondido aquí que no fuera capaz de ver. Estaba repentinamente alerta, la premonición me había puesto ansioso. - Me cuesta leerte el pensamiento.-



- Ah, será que eres un buen lector de mentes. - contestó, creando su propia teoría, que otra vez, era cierta.



- Por lo general, sí.



Le sonreí abiertamente, dejando que mis labios de encogieran mostrando las filas de destelleantes, y filosos dientes detrás de ellos.



Fue algo muy estúpido, pero estaba abrupta e inesperadamente desesperado por obtener algún tipo de advertencia a través de ella. Su cuerpo estaba más cerca del mío que hace un momento, habiendo girado inconscientemente en el curso de nuestra conversación. Todas las pequeñas señales que hubieran sido suficientes para asustar al resto de la humanidad no parecían funcionar con ella. ¿Por qué no se alejaba de mí, corriendo aterrorizada? Obviamente ella había visto lo suficiente de mi lado oscuro para darse cuenta del peligro, intuitivamente como parecía ser.



No alcancé a fijarme si mi advertencia había tenido el efecto correcto. El Sr. Banner llamó la atención de la clase justo en ese momento y ella desvió su atención de mí inmediatamente.



Parecía un poco aliviada por la interrupción, así que quizá lo entendió inconscientemente.



Espero que lo haya hecho.



Reconocí la fascinación creciendo dentro de mí, incluso cuando traté de arraigarla. No me podía permitir encontrar interesante a Bella Swan. O mejor, ella no podía permitir eso. Ya estaba ansioso por otra oportunidad de hablar con ella. Quería saber más de su madre, su vida antes de venir aquí, su relación con su padre. Todos los insignificantes detalles que hicieran aflorar mucho más su carácter. Pero cada segundo que pasé con ella fue un error, un riesgo que ella no debería tomar.



Distraídamente, sacudió su cabello justo en el momento en que me había permitido respirar. Una particular brisa concentrada de su esencia me golpeó en la garganta.



Fue como el primer día---como la bola de una grúa de demolición. El dolor de la



quemazón me hizo sentir mareado. Me tuve que agarrar a la mesa para mantenerme en mis casillas, otra vez. Esta vez, tenía un poco más de control. Al menos, no rompí nada. El monstruo gruñó dentro de mí, pero no hubo ningún placer en mi dolor. Estaba demasiado bien controlado. Por el momento.



Paré de respirar, y me alejé de ella lo más que pude, todo al mismo tiempo.



No, no me podía permitir encontrarla fascinante. Mientras más interesante la encontraba, era más probable de que la matara. Ya había cometido dos errores el día de hoy. ¿Cometería un tercero, uno que no fuera insignificante?.



Tan pronto en cuanto sonó la campana, huí del salón de clases---probablemente destruyendo cualquier impresión de cortesía que había construido a medias en el transcurso de esta hora. Otra vez, jadeé al limpio, y húmedo aire de afuera como si fuera una poción sanadora. Me apuré a tomar mucha distancia entre la chica y yo, lo más posible.



Emmett me esperó fuera de la clase de Español. Leyó mi salvaje expresión al instante.



¿Cómo te fue? Me preguntó cauteloso.



- Nadie murió. - Murmuré.



Supongo que eso es algo. Cuando vi a Alice allí zanjando la cuestión, pensé...



Mientras caminábamos a la clase, vi en su memoria de tan solo unos momentos atrás, mirando por la puerta abierta de su última clase: Alice caminando enérgicamente con el rostro en blanco a través del patio hacia el edificio de ciencias. Sentí su urgencia por levantarse y acompañarla, y luego su decisión de quedarse allí. Si Alice necesitara ayuda, la habría



pedido...



Cerré mis ojos horrorizado y disgustado mientras me sentaba. - No me había dado cuenta que había estado así de cerca. No pensé que fuera a...No noté que fuera a ser tan grave. - Susurré



No lo fue, me aseguró nuevamente. Nadie murió, ¿verdad?



- Correcto. - Le dije entre dientes. - Esta vez, no.-



Quizá con el tiempo será todo más fácil.



- Seguro. -



O, tal vez la matarás. Se encogió. No serías el primero en meter la pata. Nadie te juzgará. A veces una persona sólo huele demasiado bien. Estoy impresionado que hayas durado tanto.



- No estás ayudando, Emmett -



Estaba atónito con su aceptación de la idea de que en realidad mataría a la chica, que era inevitable. ¿Acaso era su culpa que oliera tan bien?



Sólo sé, que cuando me pasó a mi..., recordó, llevándome atrás con él medio siglo, a un oscuro callejón, donde una mujer de mediana edad estaba quitando unas sábanas secas de una cadena amarrada entre unos manzanos. La esencia de las manzanas colgaba fuertemente en el aire---la cosecha había terminado y las frutas rechazadas fueron dispersadas en el piso, los moretones en su piel soltando su fragancia en densas nubes. Un fresco campo de césped



era el fondo a esa esencia, una armonía. Él caminó ladera arriba, olvidando a la mujer por completo, en un recado de Rosalie. El cielo arriba era de un color púrpura, y anaranjado por encima de los árboles. Él hubiera continuado con el mandato y no hubiera habido razón alguna para recordar aquella tarde, excepto por una repentina brisa nocturna que hizo volar las sábanas blancas como velas de un barco y aventó la esencia de la mujer directo al rostro de



Emmett. - Ah - gemí silenciosamente. Como si el recuerdo de mi propia sed no fuera suficiente.



Lo sé. No duré ni medio segundo. Ni siquiera pensé en resistirme.



Su memoria se volvió demasiado explícita para soportarlo.



Me puse de pie, mis dientes fuertemente cerrados como para cortar acero con ellos.



- ¿Está bien, Edward? - Preguntó la señora Goff, asustada por mi repentino movimiento.



Podía ver mi rostro en su mente, y sabía que me veía lejos de estar bien.



- Me perdona - Murmuré, mientras me lanzaba puerta afuera.



- Emmett---por favor, puedas tu ayudar a tu hermano? - ella preguntó, gesticulando desamparada hacia mi mientras salía del salón de clases. **(nótese que las preguntas de la profesora Goff no están mal traducidas. Están tal cual como en la lectura en inglés. Ella es profesora de Español, pero obviamente su español no es muy perfecto que digamos...)



- Seguro - Lo oí decir. Y entonces estaba justo a mi lado.



Me siguió hasta el lugar más lejano del edificio, en donde me alcanzó y puso su mano en mi hombro.



Sacudí su mano con una fuerza innecesaria. Habría roto los huesos de la mano de un humano, y los huesos unidos al brazo también.



- Lo siento, Edward -



- Lo sé. - solté profundos gritos ahogados al aire, tratando de aclarar mi cabeza y mis pulmones.



- ¿Tan malo es? - preguntó, tratando no pensar en la esencia y el sabor de su memoria mientras preguntaba, pero sin conseguirlo.



- Peor, Emmett, peor. -



Se quedó tranquilo un momento.



Tal vez...



- No, no sería mejor si terminara con esto de una vez. Vuelve a clases, Emmett. Quiero estar solo. -



Se dio vuelta sin decir una palabra o pensamiento y se alejó rápidamente. Le diría a la profesora de Español que yo estaba enfermo, o desertando, o un vampiro peligrosamente fuera de control. ¿Esta excusa realmente importaba? Quizás no volvería. Tal vez debía irme.



Fui a mi auto de nuevo, a esperar que terminaran las clases. A esconderme. De nuevo.



Debería haber pasado mi tiempo tomando decisiones o tratando de reafirmar mi resolución, pero, como un adicto, me encontré buscando entre la interferencia de pensamientos emanando desde los edificios del instituto. Las familiares voces sobresalieron, pero no estaba interesado en escuchar las visiones de Alice o las quejas de Rosalie en este momento. Encontré a Jessica fácilmente, pero la chica no estaba con ella, así que continué buscando. Los pensamientos de Mike Newton captaron mi atención, y la localicé al fin, en el



gimnasio con él. Él no estaba contento, porque yo había hablado con ella hoy en biología. El estaba caldeando el terreno sobre la respuesta de ella cuando de pronto trajo el tema...



Nunca lo había visto hablar con nadie más de una palabra aquí o allá. Por supuesto que él decidiría encontrar interesante a Bella. No me gusta la forma en que la mira. Pero ella no parece muy emocionada con él. ¿Que fue lo que dijo? "Me preguntó qué bicho le habrá picado el lunes pasado". Algo así. No sonó como que le importara. No pudo haber sido una gran conversación...



Hablaba solo de su pesimismo. Animado por la idea de que Bella no estaba interesada en su intercambio conmigo. Esto me molestó un poco más de lo aceptable, así es que paré de escucharlo.



Puse un CD de música violenta en el estéreo, y luego subí el volumen hasta que ahogó las otras voces. Me tenía que concentrar en la música con todas mis fuerzas para no volver a entrometerme en los pensamientos de Mike, para espiar a la insospechada chica...



Hice trampa un par de veces, mientras la hora llegaba a su cierre. Sin espiar, traté de convencerme. Me estaba preparando. Quería saber el momento exacto en que ella saliera del gimnasio, cuando llegara al aparcamiento. No quería que me tomara por sorpresa.



Mientras los estudiantes comenzaban a salir por las puertas del gimnasio, salí de mi auto, sin saber por qué. La lluvia era suave---ignoré como lentamente mojaba mi cabello.



¿Quería que ella me viera aquí? ¿Acaso esperaba esperanzado a que ella se acercara a hablarme? ¿Qué diablos estaba haciendo?



No me moví, pero intenté convencerme de volver al auto, sabiendo que mi



comportamiento era reprensible. Mantuve mis brazos cruzados en mi pecho y respiré muy bajo mientras la miraba caminar lentamente hacia mi, su boca se dobló hacia abajo en las esquinas.



No me miró. Un par de veces miró las nubes con una mueca, como si las nubes la hubieran ofendido.



Estaba decepcionado cuando alcanzó su auto antes de que me pasara. ¿Me habría hablado? ¿Le habría hablado yo a ella?



Se metió en su desteñido monovolumen Chevy, un desarraigado almanaque que era más viejo que su padre. La miré mientras encendía su camioneta---el viejo motor rugió más fuerte que cualquier otro vehículo en el lote---y entonces sostuvo sus manos hacia las rejillas de la calefacción. El frío era incómodo para ella---no le gustaba. Peinó su cabello con sus dedos, acercando mechones a la ráfaga de aire caliente como si estuviera tratando de secarlo.



Imaginé cómo olería la cabina de esa camioneta, y rápidamente aborté el pensamiento.



Ella miró alrededor preparándose para retroceder, y finalmente se encontró con mi mirada. Me miró casi por medio segundo, y todo lo que pude ver en sus ojos fue sorpresa antes de que girara su mirada hacia la parte trasera de la camioneta fallando en una colisión con el compacto de Erin Teague sólo por unos centímetros.



Miró por el retrovisor, su boca estaba abierta con disgusto. Cuando el otro vehículo la pasó de largo, ella revisó todos los puntos del blindaje dos veces y luego avanzó de a poco tan cautelosamente hasta salir del aparcamiento, que me hizo hacer una mueca. Era como si ella pensara que era peligrosa en su decrépita camioneta.



El pensamiento de Bella Swan siendo peligrosa para cualquiera, no importaba qué estuviera conduciendo, me hizo reír mientras la chica me pasaba, mirando fijamente al frente.